Mes: marzo 2014

Simone de Beauvoir: la paradoja del Feminismo absoluto

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La figura de Simone de Beauvoir está estrechamente ligada a la historia del feminismo del siglo XX. Pero Simone de Beauvoir no fue solamente una de las feministas más importantes de nuestros tiempo. Escritora, filósofa, defensora de los derechos humanos, fue una mujer comprometida con sus propios ideales por los que luchó toda su vida a pesar de las críticas que recibió de algunos sectores de la sociedad. Su brillante pensamiento y su facilidad por exponer sus ideas la convirtieron en una escritora prolífica, publicando numerosas novelas, textos autobiográficos y ensayos en los que plasmó sus creencias y que se han convertidos en clásicos de la literatura y el pensamiento modernos.

Se ha dicho también que se adelantó unos 20 años a la revolución sexual. Bajo sus dichos: «Si somos iguales, seremos más libres», se convirtió en un  mito del feminismo, abanderada del existencialismo europeo más puro, defensora de la mujer como identidad propia, desligándose de un sistema que, en la época en la que le tocó vivir, oprimía y relegaba al «segundo sexo» a la condición de esposa, madre, hija. Siempre un papel secundario, privado de libertades, ahogado y sin voz. Beauvoir se alzó como símbolo de la igualdad, respaldando sus teorías más sólidas, que sostenían que «la mujer no nace, se hace», con un estilo de vida independiente, coherente con su manera de ver el mundo. Se convirtió junto con Jean Paul Sartre, su gran compañero en la vida, en un icono de transparencia en la pareja. Todo esto mucho antes que se organizaran protestas sostenes en mano.

Trataré de recoger los hechos más importantes de su vida, compleja tarea  cuando se trata de una mujer tan extraordinaria. Sigo creyendo, de igual manera, que la mejor forma de conocerla es a través de sus escritos.

Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París en el seno de una familia burguesa con una moral cristiana muy estricta. Simone y su hermana pequeña Poupette, con la que mantuvo siempre una estrecha relación, fueron educadas en colegios católicos  bajo la rígida disciplina de una madre profundamente religiosa. Ya siendo una adolescente, Simone se rebelaría contra la fe familiar declarándose atea y viendo en la religión una forma de subyugar al ser humano. De su padre, un abogado que dejó atrás su sueño de ser actor de teatro, heredó el amor por la literatura.
Simone se fue a vivir con su abuela y empezó sus estudios de filosofía en la universidad de la Sorbona. Se graduó en 1929, mismo añoen que conoció a Jean Paul Sartre, con el que iniciaría una relación totalmente distinta a los cánones establecidos.  Jean Paul y Simone, quien nunca se planteó la posibilidad de contraer matrimonio, establecieron una relación de pareja basada en el respeto y la libertad de cada uno como individuo. Una relación que duró hasta la muerte del filósofo en 1980, y que si bien no tuvo nada de perfecta ni convencional, no careció de compromiso emocional y es uno de los amores más notables que recuerda la historiadel siglo XX.

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Soy responsable de mi cara

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Muy cierto… los invito a seguir este blog.

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Brian Bolland Brian Bolland

“Después de cierta edad, todo mundo es responsable de la cara que tiene”.

-Albert Camus

Y sí, asumo que la que me mira desde el espejo soy la que yo misma he decidido construir a diario, a veces para mal, muchas otras para bien.

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Virginia Woolf : The Waves ( fragmento poema en prosa)

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Las Olas (Traducción  por Lenka Franulic)

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil
pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que
una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la
inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a
otra persiguiéndose en un ritmo sin fin.
Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando
sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente,
suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la
franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una
vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido,
cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del
horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el
cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire
pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras
amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se
fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo
transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo
gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras
desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se
alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde
del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. Leer el resto de esta entrada »

Florence Nitghtingale: la dama de la lámpara

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En la tradicional Inglaterra Victoriana, donde no se concebía el papel de la mujer más allá de los muros de su hogar, una joven emprendedora renunció a una vida tranquila para sumergirse en el estudio y la práctica de la enfermería. El importantísimo papel que jugó Florence Nightingale en la Guerra de Crimea, del siglo XIX,  le dieron la fama y el reconocimiento como una de las pioneras de la enfermería moderna.
Florence Nightingale nació en Villa Colombaia, en la ciudad italiana de Florencia el 12 de mayo de 1820. Sus padres, William Edward Nightingale y Frances Smith, pertenecientes a la clase alta inglesa, habían viajado por Europa los primeros años de su matrimonio. Establecidos temporalmente en Italia, pusieron a su segunda hija el nombre de su ciudad natal. Así habían hecho también con su hermana mayor, Parthenope, a quien le pusieron el nombre griego de la ciudad de Nápoles, Parthenopolis.
La infancia de Florence trancurrió tranquila en la campiña inglesa. Una institutriz se hizo cargo de la educación de las niñas Nightingale hasta que su padre asumió personalmente su formación. Florence mostró pronto un especial interés por las matemáticas y, aunque sus padres intentaron que siguiera una educación más acorde con su condición de mujer, la tenacidad e insistencia de la pequeña hicieron que sus padres le permitieran continuar con sus estudios.
De profunda fe en la religión anglicana, Florence experimentó una inusual experiencia religiosa. El 7 de febrero de 1837, mientras paseaba por el jardín de Embley, donde pasaba largas temporadas, creyó escuchar una llamada de Dios. Aunque en un primer momento no entendió el significado de aquella visión, con el tiempo se dio cuenta que su pasión por la enfermería había sido una manera de ayudar a los demás tal y como Dios le había pedido.
Su conocimiento de la enfermería por aquel entonces se reducía al cuidado de familiares enfermos. Además de no ser una profesión conveniente para una mujer de la alta sociedad, las personas que se dedicaban no eran consideradas personas educadas ni bien formadas. Además, a la joven le deparaba un futuro muy distinto, debería casarse y tener hijos y convertirse en una gran dama inglesa. Aun así, Florence se enfrentó a su familia cuando pidió incorporarse a trabajar en un hospital y renunció a una proposición de matrimonio.

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Alanis Morissette: You Oughta Know

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Alanis siempre me ha gustado. Pero después del exitazo que fue Jagged Little Pill, por ahí  a fines de los 90, le perdí la pista. Detrás de la letra de cada una de las canciones de este disco, se transpira verdad, y Alanis así lo ha reconocido. La canadiense escribió la mayoría de las canciones luego de una ruptura con Dave Coulier ( Joey en Tres por Tres).

Creo que todas hemos cantado con la misma rabia esta canción alguna vez.

You Oughta Know

I want you to know, that I’m happy for you
I wish nothing but the best for you both
An older version of me
Is she perverted like me
Would she go down on you in a theatre
Does she speak eloquently
And would she have your baby
I’m sure she’d make a really excellent mother’cause the love that you gave that we made wasn’t able
To make it enough for you to be open wide, no
And every time you speak her name
Does she know how you told me you’d hold me
Until you died, till you died
But you’re still alive

And I’m here to remind you
Of the mess you left when you went away
It’s not fair to deny me
Of the cross I bear that you gave to me
You, you, you oughta know

You seem very well, things look peaceful
I’m not quite as well, I thought you should know
Did you forget about me Mr. Duplicity
I hate to bug you in the middle of dinner
It was a slap in the face how quickly I was replaced
Are you thinking of me when you fuck her?

‘cause the love that you gave that we made wasn’t able
To make it enough for you to be open wide, no
And every time you speak her name
Does she know how you told me you’d hold me
Until you died, til you died
But you’re still alive

And I’m here to remind you
Of the mess you left when you went away
It’s not fair to deny me
Of the cross I bear that you gave to me
You, you, you oughta know

‘cause the joke that you laid on the bed that was me
And I’m not gonna fade
As soon as you close your eyes and you know it
And every time I scratch my nails down someone else’s back
I hope you feel it…well can you feel it

Well, I’m here to remind you
Of the mess you left when you went away
It’s not fair to deny me
Of the cross I bear that you gave to me
You, you, you oughta know

Opinión: Amor, de Isabel Allende

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Para quienes nos leemos lo que sea que publica Isabel Allende, Amor no nos regala nada que ya no sepamos de la autora, lo que no implica que su lectura no sea entretenida y no nos rememore muchas de las escenas románticas que encausan sus obras. Por supuesto, caí redonda con el nombre y la portada, y lo compré sin siquiera darme cuenta que no era una nueva novela.  Amor es una recopilación de fragmentos que se agrupan según la vivencia asociada al amor: tenemos el despertar, el primer amor, la pasión, los celos, los amores contrariados, humor y eros, la magia del amor, el amor durable y el amor en la madurez.

Siendo honestos, Amor no pasa de la anécdota para quienes no disfruten de Isabel Allende y no hayan leído sus novelas. Porque es un libro hecho de pedazos de otros libros. No un libro de cuentos, no una novela, no nada. Es un libro estructurado, claro -con una portada maravillosa, hay que decirlo-, que quienes ansían nuevas historias de la chilena, les aseguro, devorarán como yo lo hice, porque son tantas las historias que nos ha contado esta mujer, que tener un pequeño recuerdo de las mismas, ese que nos refresca la memoria y nos hace sonreír, es un pequeño tesoro.

Debo destacar que Amor está compuesto por fragmentos de Eva Luna, Cuentos de Eva Luna, El plan infinito, La casa de los espíritus, Hija de la fortuna, La isla bajo el mar, Inés del alma mía, Retrato en sepia, El Zorro, Afrodita, De amor y de sombra y La suma de los días, dejando fuera a Paula, El cuaderno de Maya, la trilogía del Águila y el Jaguar y Mi país inventado.

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Edith Piaf: tan trágica como su voz

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Al escuchar su nombre, evoca de forma instantánea, esos ojos caidos, llenos de melancolía y enmarcados por una delgadas líneas  que tenía por cejas. Lo gutural de su voz, el francés y las melodías de sus canciones, solo podían aumentar el halo de misterio que envolvía a esta mujer, convertida en uno de los símbolos sexuales de principios del siglo XX.

Si hoy vemos sus imágenes, puedo asegurar que pocos la encuentran atractiva, porque su belleza era como su vida, trágica.

Edith Gassion nació en 1915, de una madre separada y en plena probreza. Como us padres eran alcohólicos, quedó bajo el cuidado de su abuela, dueña de un prostíbulo. A os 4 años sufrió de meneningitis lo que generó una ceguera tempoánea, y me atrevo a pensar que algo de eso quedó en esa mirada que parece extraviada.

Ya de adolescente, trabajo en circos, haciendo acrobacias y cantando en la calle, lo que le permitía sobrevivir el día. A los 16 quedó embarazada, pero su hija Castelle, falleció de la misma enfermedad de su niñez. Además, por problema en el parto, quedó imposibilitada para tener más hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar. Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su talento ante el público. Aquel cabaret, era además, un lugar donde venían muchas celebridades de la capital de Francia. Pero su vida nunca fue camino fácil, y al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su oficina. Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera. Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad. Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes. La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario. Leer el resto de esta entrada »