Mes: diciembre 2014

Anna Freud: Lo que hace un Doodle de Google

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¿Alguien se fijó en el doodle de google hoy 3 de diciembre de 2014?. Como es la costumbre, son un enigma hasta que uno hace el famoso click arriba de él. Como si nada, llega a mi el dato del  119 aniversario del nacimiento de la sexta hija de Sigmund Freud, apodada por él como el “demonio negro” y que siguió los pasos de su padre, dedicándose al psicoanálisis infantil. Y yo, sin tener la menor idea de su existencia, todo lo que leí de su vida me pareció fascinante.

La relación con su padre fue,  por sobre todo epistolar, un estilo que hoy tenemos tan alcance de la mano y  de forma tan inmediata, que siempre he sentido que desperdiciamos, ya que hemos perdido la capacidad de visualizar el enorme potencial que tiene la construcción de relaciones a través de palabras. El recorrido interno, dirigido a otro, es por sí un viaje y  del cual muchas veces tienen como resultado relaciones más profundas que el simple texteo y whatsapp, que cada vez más nos acostumbra a abreviar todo. Démosnos tiempo para escribir, para pensar, para expresar.

A qué vengo con todo esto?, a que si les interesa, conocer de Anna, existe  correspondencia publicada como parte del corpus epistolar freudiano. Es a través del intercambio de cartas entre ambos, a medida que el tiempo transcurre y Anna va a estar más concernida por el psicoanálisis, el lector puede advertir cómo esas cartas podrían encabalgarse en dos registros: el familiar y el psicoanalítico. Cuando comienza la correspondencia, Freud tiene cuarenta y ocho años. La primera carta de Anna que figura en la edición es de 1910. Ella tiene alrededor de 15 años.

Las cartas reunidas en Correspondencia 1904-1938 (Paidós) son un testimonio que permite al lector enterarse de la relación estrecha que existía entre padre e hija. En principio, de los reclamos constantes de Anna para que su padre respondiera sus cartas, a veces con una urgencia que él se esforzaba por aplacar.

A medida que ella se fue transformando en una joven independiente, entre ellos comentaban los asuntos de familia, hasta debatían los posibles lugares de vacaciones. Es como si Anna hubiera crecido de golpe o siempre hubiese sido grande. Sólo a través de las menciones a los regalos del padre nos encontramos con una niña. Por ejemplo, cuando le pide a Freud que le regale un caballo. Si no, es como si su infancia ella la hubiese “reconstruido” a partir de sus sueños o “recuerdos infantiles”.

En su juventud se puede reconocer a una chica un poco asocial y reconcentrada en los libros. A Freud este detalle no se le escapaba y en varias cartas le aconseja vivir y disfrutar de ciertos placeres y actividades acordes con su edad.

En el transcurso de la correspondencia, Anna se hizo psicoanalista. El 13 de julio de 1922 fue designada miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Esto sucedió tres días después de haber leído su trabajo: “Fantasías de pegar y sueños diurnos”. Esta aceptación, nos informa Ernest Jones en su biografía de Sigmund, produjo gran satisfacción en su padre.

El libro más importante de Anna es El yo y los mecanismos de defensa, en el que elabora el concepto de defensa en relación con la adaptación a la realidad y también le otorga un lugar importante a los afectos. La mayoría de sus libros posteriores fueron más clínico-prácticos que teóricos, y sostienen un enfoque basado en la psicología del yo que la separa y diferencia de la teoría freudiana, como explica E. Pumpian-Mindlin en La historia del psicoanálisis.

Anna Freud se dedicó fundamentalmente al psicoanálisis de niños. Tuvo una disputa con Melanie Klein, quien, el mismo año que Anna, había ingresado en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín. La biografía escrita por Jones es muy ilustrativa de la oposición entre el annafreudismo y el kleinismo. Por un lado, padre e hija, Freud y Anna, y por otro, madre e hija, Melanie Klein y Melitta. Jones explica: “Una fuente más engorrosa de divergencias fueron los conceptos expuestos por M. Klein, no siempre con suficiente tacto y en contradicción con los planteos de Anna Freud. […]Freud se dejó llevar por el cariño a su hija, de la que dependía, ya que era quien lo cuidaba”. Entonces cita una carta que Freud le escribió al respecto “. su amabilidad ha servido de reparación por la forma en que Melanie Klein y su hija se han comportado con Anna”.

Como las cartas de Correspondencia abarcan los asuntos más diversos, nos detendremos en los temas centrales.

El demonio negro. “El demonio negro” es el apodo que Freud le puso a Anna. El prologuista a esta edición, que tiene cierta versión idealizada de ella, supone que el apodo es una debilidad que muestra la preferencia del padre a pesar del carácter díscolo de su hija. El mismo Freud la describe como excéntrica. En otra carta, Anna le confiesa al padre cómo extraña que nadie la llame “demonio negro”, algo que “me hace mucha falta”.

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