Mes: febrero 2015

Algunas de las mil formas de amar: poesía

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parejas_enamoradas_3Ya que llega pronto el día a que muchos le gusta regalar corazones y acordarse del romanticismo, va la versión ImaFEMario del amor. Quizás porque lo que más humanos nos hace es a cuántas emociones diferentes llamamos amor.

DULCE MARÍA LOYNAZ

Si me quieres, quiéreme entera

(De Versos, 1920-1938)
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

GABRIELA MISTRAL

Vergüenza
(De Desolación, 1922)
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje el río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan,
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mí frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano…

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!
GIOCONDA BELLI (de Sobre la Grama, 1972)

Manuscrito

Voy a escribir la historia de mi cuerpo entre tus manos. Me fue naciendo como una nueva muda de culebra. Floreció bajo el sol y se llenó de begonias, bromelias y cometas ante tus ojos y mis ojosaso mbrados. Mi cuerpo, cuando lo cercan tus brazos, se convierte en caballo, en yegua y sale a galopar por el placer de un beso. Se llena de hiedra para escalar las paredes de tu corazón y cubrirlo de susurros nacidos desde la misma entraña de la tierra. Mi cuerpo con
todos sus resquicios impredecibles, rasga la noche con su cantar de guitarra del monte y enciende la oscuridad con su brillo de luciérnaga. Se pierde en vos con el abandono de un niño y abre sus ventanas de par en par para recibir la honda caricia, el pensamiento convertido en libélula alada, incitando a la selva a despertarse con su crujido de amas. Mi cuerpo se vuelve planeta inexplorado donde posa el tuyo su navío del espacio; tiembla con la energía de un nuevo
continente que se formó después de cataclismos sin nombre y sin historia.

Mi cuerpo desde siempre parece haberte querido, haberte estado esperando.

Se ha revelado desnudándose como una cueva que necesitara de tu palabra para abrir su secreto ante la magia de tu sonrisa, de tu cercanía, ante vos que te sabías la combinación oculta desde antes de tener memoria.

ALFONSINA STORNI

Si la muerte quisiera
(De El dulce daño, 1918)

I

Tú como yo, viajero, en un día cualquiera
Llegamos al camino sin elegir la acera.
Nos pusimos un traje como el que llevan todos
Y adquirimos su aspecto, sus costumbres, sus modos.

Hemos andado mucho, sujetados por riendas
Invisibles, los ojos fatigados de vendas
Tenemos en las manos un poco de cicuta ,
Perdimos de la lengua el sabor de la fruta
Y sabemos que un día seremos olvidados
Por la vida, viajero, totalmente borrados.

Y tú y yo conocimos las selvas olorosas…
Y tú y yo no atinamos jamás a cortar rosas .

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Blanca Wiethüchter: desde un lienzo en blanco

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“La intención de la escritura también es dar testimonio. De alguna manera la intención primera en mi poesía siempre fue dar testimonio de mi aventura de la vida. Yo creo que la literatura ayuda a vivir”.

Una de las mayores barreras que me he construido para escribir de forma pública, es quizá lo mismo que Blanca siente como principal motor: dar testimonio de la propia vida. Porque no creo en las palabras (al menos las que valen la pena) ajenas de la biografía de quién las emite. Cuando se logra distinguir las huellas  que va dejando una vida distinta a la propia, es como una invitación a experimentar el mundo con lentes y altura diferentes. Con una familia, una niñez, amores y desamores que moldearon a otro. Es entrar en otra intimidad, otra estructura y calzarse una falda o un pantalón que no te pertenecen.  Y jugar un poco a cómo se siente.

Cuando escribes, es cierto, tiene mucho de testimonio. El “dejar por escrito” algo que supere este paso por la tierra. ¿Tiene algo de ego? Mucho, pero me atrevería a decir que en la mayoría de los casos, del bueno (lo sé, aún soy un poco ingenua, espero no se me pase nunca). También tiene algo de trascendencia. La cultura, para bien o para mal y como contraparte de la naturaleza, es todo lo que construimos como sociedad y nos guste o no, formamos parte de ella. La cultura va ligada a nuestra existencia y cada artista ocupará las herramientas que le son propias para expresar quiénes son o cómo ven o quieren la vida. En el caso de Blanca creo que tiene que ver con su vocación docente. Abrir su vida a través de las letras fue una forma de enseñar. Porque gran parte de su vida la dedicó a la labor de educadora.

Blanca como su nombre, debió elegir en un momento de su vida comenzar a vivirla “como un lienzo en blanco”. Nació en La Paz en 1947 y durante sus primeros años, dado sus ancestros, solo conoció el idioma alemán. En los años 50 y 60, ya cuestionaba la rigidez y la distancia que se imponía entre profesor y alumno, después con sus lecturas de experiencias innovadoras de plena libertad en Inglaterra, sus conversaciones con Arturo Orías, su profesor de teatro del colegio Alemán y su lectura de poesía, pudo comprender ese su rechazo y fundar en él mismo su actitud educativa. Dejó de lado el alemán como lengua nativa e hizo suyo el castellano, para hablar desde la tierra que la vio nacer. Rompió su propia estructura y pudo dar testimonio desde una vereda que sintió propia y no una adquirida artificialmente. Es por esto que al explicar sus razones señala: “Mi mundo amoroso era el castellano”.

Creo que muchas veces tenemos la oportunidad, pero pocas la decisión para partir todo de cero.

Porque Blanca no solo hizo propio el idioma, sino que también el lugar que habita, rindiéndole homenaje: “Es evidente que todos los caminos en la poesía de Blanca Wiethüchter conducen a la ciudad. Canta el poeta el canto que la ciudad canta; sufre el sufrimiento que la ciudad sufre y se alegra con la alegría con que la ciudad se alegra. Contempla con dilatadas pupilas la contemplación de los altos muros que la ciudad contempla. Los muertos que en la ciudad respiran, son quienes le señalan los caminos, en la amplitud, en el espacio. Luego el silencio y el olvido, y la lluvia; el dolor y el amor, el encanto y la muerte, el ruido y los habitantes, y el viento, en la ciudad se reencuentran”.

Esta mujer, de apellido difícil de pronunciar para quienes no tenemos conocimientos teutónicos, es una de las escritoras y poetizas bolivianas más relevantes del último siglo. Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, donde después ejerció la docencia y fue directora. Se graduó en Ciencias de la Educación en la Universidad de La Sorbona, en París, y en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de París. Se casó con el compositor Alberto Villalpando, con quien tuvo 3 hijos. Su legado puede conocerse a través de tres esferas: su poesía- sus ensayos sobre arte: literatura, pintura y música- y la tercera, su acción educativa. Por lo que he leído en sus biografías es en esta última donde logró calar hondo en la vida de muchos jóvenes. Una de sus estudiantes resume su método así: Blanca mostraba, compartía y contagiaba, cuando se sentía como aquella niña que está muerta de miedo al ver al dragón y después de todo termina haciéndose amiga de él. Leer el resto de esta entrada »