Blanca Wiethüchter: desde un lienzo en blanco

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“La intención de la escritura también es dar testimonio. De alguna manera la intención primera en mi poesía siempre fue dar testimonio de mi aventura de la vida. Yo creo que la literatura ayuda a vivir”.

Una de las mayores barreras que me he construido para escribir de forma pública, es quizá lo mismo que Blanca siente como principal motor: dar testimonio de la propia vida. Porque no creo en las palabras (al menos las que valen la pena) ajenas de la biografía de quién las emite. Cuando se logra distinguir las huellas  que va dejando una vida distinta a la propia, es como una invitación a experimentar el mundo con lentes y altura diferentes. Con una familia, una niñez, amores y desamores que moldearon a otro. Es entrar en otra intimidad, otra estructura y calzarse una falda o un pantalón que no te pertenecen.  Y jugar un poco a cómo se siente.

Cuando escribes, es cierto, tiene mucho de testimonio. El “dejar por escrito” algo que supere este paso por la tierra. ¿Tiene algo de ego? Mucho, pero me atrevería a decir que en la mayoría de los casos, del bueno (lo sé, aún soy un poco ingenua, espero no se me pase nunca). También tiene algo de trascendencia. La cultura, para bien o para mal y como contraparte de la naturaleza, es todo lo que construimos como sociedad y nos guste o no, formamos parte de ella. La cultura va ligada a nuestra existencia y cada artista ocupará las herramientas que le son propias para expresar quiénes son o cómo ven o quieren la vida. En el caso de Blanca creo que tiene que ver con su vocación docente. Abrir su vida a través de las letras fue una forma de enseñar. Porque gran parte de su vida la dedicó a la labor de educadora.

Blanca como su nombre, debió elegir en un momento de su vida comenzar a vivirla “como un lienzo en blanco”. Nació en La Paz en 1947 y durante sus primeros años, dado sus ancestros, solo conoció el idioma alemán. En los años 50 y 60, ya cuestionaba la rigidez y la distancia que se imponía entre profesor y alumno, después con sus lecturas de experiencias innovadoras de plena libertad en Inglaterra, sus conversaciones con Arturo Orías, su profesor de teatro del colegio Alemán y su lectura de poesía, pudo comprender ese su rechazo y fundar en él mismo su actitud educativa. Dejó de lado el alemán como lengua nativa e hizo suyo el castellano, para hablar desde la tierra que la vio nacer. Rompió su propia estructura y pudo dar testimonio desde una vereda que sintió propia y no una adquirida artificialmente. Es por esto que al explicar sus razones señala: “Mi mundo amoroso era el castellano”.

Creo que muchas veces tenemos la oportunidad, pero pocas la decisión para partir todo de cero.

Porque Blanca no solo hizo propio el idioma, sino que también el lugar que habita, rindiéndole homenaje: “Es evidente que todos los caminos en la poesía de Blanca Wiethüchter conducen a la ciudad. Canta el poeta el canto que la ciudad canta; sufre el sufrimiento que la ciudad sufre y se alegra con la alegría con que la ciudad se alegra. Contempla con dilatadas pupilas la contemplación de los altos muros que la ciudad contempla. Los muertos que en la ciudad respiran, son quienes le señalan los caminos, en la amplitud, en el espacio. Luego el silencio y el olvido, y la lluvia; el dolor y el amor, el encanto y la muerte, el ruido y los habitantes, y el viento, en la ciudad se reencuentran”.

Esta mujer, de apellido difícil de pronunciar para quienes no tenemos conocimientos teutónicos, es una de las escritoras y poetizas bolivianas más relevantes del último siglo. Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, donde después ejerció la docencia y fue directora. Se graduó en Ciencias de la Educación en la Universidad de La Sorbona, en París, y en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de París. Se casó con el compositor Alberto Villalpando, con quien tuvo 3 hijos. Su legado puede conocerse a través de tres esferas: su poesía- sus ensayos sobre arte: literatura, pintura y música- y la tercera, su acción educativa. Por lo que he leído en sus biografías es en esta última donde logró calar hondo en la vida de muchos jóvenes. Una de sus estudiantes resume su método así: Blanca mostraba, compartía y contagiaba, cuando se sentía como aquella niña que está muerta de miedo al ver al dragón y después de todo termina haciéndose amiga de él.

“Su ideario es humanista porque todos y cada uno de sus estudiantes no eran tales sino interlocutores válidos desde su experiencia de vida, ante la que ella sentía un profundo respeto y una admiración que la llevaba a expresar su asombro, y a partir de ello establecía una complicidad para trabajar en conjunto, en ella no estaban ausentes ni la exigencia ni la rigurosidad. Lo interesante es que lo mismo sucedía en sus conversaciones con los amigos”.

Blanca realizaba talleres de literatura de preferencia en su  propia casa y donde procuraba que quien escribía encontrara la total libertad para expresarse y fuera él mismo autorregulándose. La realización de la obra era una experiencia autoformativa y de transformación interior. Para participar en los talleres de Blanca eran requisitos la autenticidad y el compromiso, sin ellos a nada podía llegarse, y esto hacía que la experiencia misma fuera intensa. Los corazones cerrados, el pudor y el miedo debían quedar detrás de la puerta de entrada.

En mi vida he tenido algunas profesoras que atrevieron a mostrar parte la suya, dejando de lado la objetividad y enseñando con pasión su forma de ver el mundo. Sin duda son las que más recuerdo y las que fueron abriendo cajones que permanecían cerrados hasta ese momento. Leer sobre su vida me hizo soñar con seguir encontrándome con más personas así en la vida.

Cuando en Chile se debate día a día sobre educación, se ha dejado muy fuera del círculo a los educadores. Aquí no hay huevo ni gallina. La docencia parte en y por el o la profesor(a). Si es municipal, subvencionado, de excelencia o sin selección no importará de mucho si no tenemos profesores dispuestos, motivados y con tiempo para descanso y preparar sus clases. Son esas mujeres y hombres los primeros que inspiran a aprender, no las murallas de una sala mejor calefaccionada.

“Creo que falta un poco más de lectura también. Pero es interesante ver la cantidad de gente que escribe una poesía de buen nivel. De ahí podría salir un gran poeta, no lo puedo asegurar, pero es probable que así sea. Por esta misma razón creo que es importante que se publiquen muchos libros de poesía, aunque haya gente que critica eso. A mí me parece bueno, porque así es como vamos a llegar a formar realmente un lenguaje, es decir, de ahí tendrá que salir algo. Yo conozco mucha gente que tiene libros sin publicar, y algunas cosas son realmente excelentes”. (B.W)

Blanca murió de cáncer a los 57 años el 2004 en Cochabamba y fue en el Lago Titicaca donde decidió que sus cenizas se fundieran con la tierra que la vio crecer. No dudo que si pudiésemos preguntarle, su principal testimonio por el que querría ser recordada sería por la maestra que fue y seguirá siendo para quienes se acerquen a cualquier parte de su enorme legado.

De Territorial (fragmento)

Sólo tengo este cuerpo. Estos ojos y esta voz
Esta larga travesía de sueño cansada de morir.
Conservo el temor al atardecer.
No se comunica con nadie.

Por mi modo de andar
algo descubierto un poco esperando
cambio frecuentemente de parecer
conmigo no puedo vivir segura.

Habito un jardín de palabras
que han dejado de nombrarme
para nombrarla. No me atrevo
pero es necesario decirlo. Es un secreto.
En realidad somos dos.

Ahora debo inventar a la otra
Algunas de sus obras son:

Poesía
Asistir al tiempo, 1975
Travesía, 1978
Noviembre 79, 1979
Madera viva y árbol difunto, 1982
Territorial, 1983
El verde no es un color: A la luz de una provincia tropical, 1992
Los negros labios encantados, 1992
El rigor de la llama, 1994
La Lagarta, 1995
‘Sayariy’, 1995
Qantatai, 1996
Antología La Piedra que labra otra piedra, 1999
Ítaca, 2000
Luminar, 2005
Ángeles del miedo, 2005

Cuentos
Memoria Solicitada, 1989, reedición 1992
En el aire de navegación de las montañas, 1992
A manera de Prólogo, 1993

Novela
El jardín de Nora 1998

Ensayos
La Estructura de lo Imaginario en la Obra Poética de Jaime Saenz, 1976
Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia I y II, 2002
Pérez Alcalá, o los melancólicos senderos del tiempo, 1997

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5 comentarios sobre “Blanca Wiethüchter: desde un lienzo en blanco

    nicafeliz escribió:
    agosto 9, 2015 en 5:29 pm

    Escribir como dices son testimonios de vida. Relatos o sucesos con cierta extensión del plano real. Los amigos ayudan a esto con sus charlas sin sentido, ocurrencias. Predisposición a vivir entre ideas. Ayuda a vivir, porque expones lo que sos y que no todo está mal como parece. A la vez crea lazos de amistad ligados a la imaginación para ver estrellas.

    Saludos… Nica?

      Aleboslo respondido:
      agosto 9, 2015 en 9:33 pm

      Qué lindas palabras…. Directas al cuore, gracias nica?

        nicafeliz escribió:
        agosto 9, 2015 en 10:01 pm

        De nada, te preguntaba si eras nicaragüense? Porque veo muchas referencias a gioconda belli. Saludos

        Aleboslo respondido:
        agosto 9, 2015 en 10:05 pm

        No, soy chilena, de viña…. Y de rizos dorados ;)….. simplemente Gioconda es mi favorita.

        nicafeliz escribió:
        agosto 9, 2015 en 10:33 pm

        Ve que sorpresa. De viña. Tenía una amiga de allá que no he sabido de ella en diez años. La de los rizos dorados 🙂 , viste lo que escribí de eso? sencillo, nadie lo ha comentado pero a mi me gusta. Siempre he querido conocer Chile, algún día será, me quedo con las descripciones de mis amigos. Yo soy nicaragüense, por eso me sorprendí porque muy pocos usamos WordPress.

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