Eleanor Roosevelt: La MUJER tras la Primera Dama.

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El nombre de Eleanor Rossevelt me sonaba tanto (y tan poco) como el de muchas primeras damas estadounidenses: Jackie Keneddy, Michelle Obama o Nancy Reagan. Típicos modelos anquilosados y manoseados hasta el cansancio de housewife ideal gringa, de las que nos preocupa más analizar su look , su “charm” y su “china”, que detenernos en sus proyectos o dichos. Solo Hillary Clinton a mis 38 años logró imponerse en mi pensamiento mágico como una mujer con ideas propias y un enorme potencial político. Sin embargo, se puede adivinar, sin miedo a equivocarse, la gran relevancia que pueden tener en los acontecimientos mundiales, desconociéndose, eso sí, la cuantía de éste.

Sin duda, “Las mujeres somos las grandes olvidadas de la historia” afirma dolorosamente Elena Poniatowska, que ha trabajado incansablemente para descubrir a aquellas heroínas anónimas, desconocidas, marginadas de las páginas de la historia que han participado en la génesis de las grandes transformaciones de la humanidad. Lamentablemente, la historia que conocemos, que nos enseñan desde la infancia ha sido construida bajo una única visión, la historia de la humanidad es una historia sesgada, contada en masculino. Es tarea de tod@s investigar e intentar reconstruirla.

Hace unos días, vi en H2, la señal alternativa de History Channel, un programa llamado “Diez cosas que no sabías” (se los recomiendo a los amantes de la historia). En este caso, los elegidos fueron los Roosevelt y abrió mi apetito y mi curiosidad acerca de la vida de la primera de ellas que se puso un micrófono enfrente y dio un mensaje a su país a: Eleanor Roosvelt.

Nacida el 11 de octubre de 1884 en la ciudad de Nueva York, casada con su primo (lejano) Franklin Delano Roosvelt. No fue la primera esposa de un Presidente, pero sin duda fue una pionera en la esfera política. Es considerada una de las mujeres con mayor influencia en el siglo XX. Pero para nosotros, aquí tan al oeste del charco y tan abajo de la línea de la línea del Ecuador, poco conocida es la gran vida que llevó este personaje a ser merecedora de dicho título.

Detrás de una faceta, en apariencia tradicional, se encuentra una mujer liberal, con una vida excepcional, que trabajó, luchó y construyó los cimientos de muchos de los derechos de género y humanos por los que aún existe un espacio de reivindicación. Muchas veces oponiéndose incluso a las decisiones de su marido.

Era hija de Elliott Roosevelt y Anna Hall Roosevelt, quien llamaba a su hija cariñosamente “abuelita” por sus maneras de actuar un tanto anticuadas. Eleanor, era la sobrina favorita del presidente de los Estados Unidos al inicio del siglo XX, Theodore Roosevelt. No era una mujer de gran belleza, muy alta y delgada, con aspecto deslavado, no tuvo una infancia fácil. A los 5 años debió lidiar con la muerte de su madre, su hermano y su padre en un lapso de solo tres años. Fue enviada por su abuela a un internado en Londres, del cual volvería a los 17 años e iniciaría una relación secreta con un primo lejano de su padre, Franklin Delano Roosevelt, compromiso al cual se opondría firmemente su futura suegra. A pesar de esto, se casaron en 1905 y tuvieron 6 hijos.

Su matrimonio, sin embargo, sufrió grandes baches. Cuando su marido ya era senador por el estado de Nueva York, Eleanor descubrió que la engañaba con su secretaria (la de ella!), Lucy Mercer. La familia de Franklin amenazó con desheredarlo si se divorciaba, pero Eleanor puso sus condiciones para evitar el escándalo: de ahí en adelante dormirían en cuartos separados y no podría volver a ver a su amante.

Fue en este momento cuando Eleanor comenzó a involucrarse activamente en la vida pública. Si bien tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 ingresó en la Cruz Roja y apoyó la Liga de las Mujeres Votantes, la Liga de Mujeres de la Unión de Comercio y la División de Mujeres del Partido Demócrata, me gustaría imaginar que ante dicho desaire de lo que “se esperaba de su vida”, en vez de jugar el papel de víctima, se empoderó en su nuevo estatus, redefiniendo sus caminos y sueños. Replanteando y rompiendo muchos paradigmas que ha comienzos de los años estaban comenzando a tambalear. Además, el mandato presidencial de su marido comenzó en 1933, con un EEUU en bancarrota y donde los pobres y el hambre arrasaban con la que hasta entonces había sido la nación más rica del planeta.

“Ganas fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente dejas de mirar al miedo a la cara. Te puedes decir a ti mismo,” He sobrevivido a este horror y podré enfrentarme a cualquier cosa que venga”. Debes hacer lo que te crees incapaz de hacer”. Eleanor Roosevelt.

¿Cuántas mujeres nos hemos sentido atrapadas en un destino, en una historia que pareciera escrita por otros? Me atrevería a señalar que somos una mayoría abrumadora. Pero Eleanor, y como todas debiéramos, se atrevió a enfrentarla y moldeó su destino de acuerdo a su época, sumando que fue capaz de planificar que su logro no sólo fuera propio, sino que el de muchas mujeres y hombres que le sucedieron. Ella cambió la manera de hacer de su antecesora y tía, Edith Roosevelt, y de muchas otras primeras damas. Cuando su esposo fue elegido presidente de Estados Unidos, la Constitución no establecía funciones para la “primera dama”; tradicionalmente se ocupaba de las funciones ceremoniales. Pero ella se convirtió en asesora presidencial y con frecuencia consiguió incidir políticamente en asuntos importantes. Un consejero de confianza del presidente, Rexford Tugwell, describió su grado de participación: “Sería imposible decir con qué frecuencia o en qué medida procesos gubernamentales de Estados Unidos tomaron otros rumbos por la determinación de ella”. En un tiempo en el que la mujer ejercía un papel relativamente reducido en la vida pública, la nueva Primera Dama dio más de 300 conferencias para mujeres periodistas y participó en multitud de actos políticos en defensa de los derechos femeninos, sobretodo de las mujeres afroamericanas y de los derechos civiles en general. La columna de un periódico llamada My Day fue testigo de sus pensamientos y opiniones en defensa de los menos favorecidos. Sorry, pero con ella me dan ganas de sacarme el sombrero (o soltar la cartera, ponerme los tacos o cualquiera sea la metáfora aplicable a este caso ante una mujer admirable).


“¿En dónde empiezan los derechos humanos universales? Pues en pequeños lugares, cerca de nosotros; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en los mapas. Esos son los lugares en los que cada hombre, mujer y niño busca ser igual ante la ley, en las oportunidades, en la dignidad sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en esos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte” E.R.

La muerte de su marido en 1945 y su aparente retirada de la primera fila política no detuvieron el espíritu de lucha incansable de Eleanor. Después de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas, la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las sucedidas en ese conflicto. Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento. El documento que más tarde pasaría a ser la Declaración Universal de Derechos Humanos, se examinó en el primer período de sesiones de la Asamblea General, en 1946. La Asamblea revisó ese proyecto de declaración sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales y lo transmitió al Consejo Económico y Social para que lo “sometiera al análisis de la Comisión de Derechos Humanos” y que ésta pudiera preparar una carta internacional de derechos humanos. La Comisión de Derechos Humanos estaba integrada por 18 miembros de diversas formaciones políticas, culturales y religiosas. Eleanor Roosevelt, presidió el Comité de Redacción de la Declaración. Fueron Eleanor Roosevelt y Hansa Mehta las que se empeñaron en cambiar el artículo primero de la redacción original de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “todos los hombres nacen iguales”, por la de “todos los seres humanos nacen libres e iguales”. Las mujeres habían aprendido la lección: no querían que el masculino universal las volviera a invisibilizar. Ello costó una dura discusión porque los varones no podían entender dónde estaba el matiz. La mujer necesitaba su propia voz, no la del masculino universal y, en el palacio parisino de Chaillot, Eleanor lideró ese cambio. Algo tan obvio hoy que resulta ridícula la resistencia.

Pero Eleanor conoció más tarde a quien fue su verdadero amor. Al comenzar a frecuentar grupos de mujeres feministas conoció a la periodista Lorena Hickok. Ambas mujeres se conocieron a finales de los años veinte cuando tenían ya más de 40 años de edad. Lorena era una lesbiana conocida por otras relaciones cuando se encontró con Eleanor. En todo caso, lo que comenzó como un encuentro profesional, ya que Lorena era periodista en la agencia AP, terminó como una relación que duró varios años y en la que la periodista se convirtió en una presencia habitual en la Casa Blanca, además de ser la consejera de prensa de la Primera Dama y la persona que más contribuyó a fijar un perfil profesional para ella.

“Me has hecho crecer como persona, por el sólo hecho de ser merecedora de ti: Je t’aime, je t’adore”, le escribe Roosevelt a Hickok en una de las casi 3500 cartas que ambas intercambiaron y que aún se conservan. A finales de los años 30 la relación se va enfriando debido a las múltiples obligaciones de Eleanor, que la llevaban de un lado al otro del mundo. Aun así, le escribe: “Querida, sé que no estoy tan disponible para ti, pero te sigo queriendo”.

Eleanor Roosevelt escribió cuatro libros en los que relató su vida y sus ideas y pensamientos en favor de los demás. El 7 de noviembre de 1962, la incansable Eleanor fallecía a los 78 años de edad. Fue enterrada en Hyde Park, al lado de su esposo, su funeral fue presidio por el presidente John F. Kennedy y dos ex presidentes, Truman y Eisenhower.
Creo que la vida de Eleanor solo se puede resumir en “inspiradora”. Hoy tiene en mi una nueva fan. Sin duda supo aprovechar cada uno de sus dones, sus privilegios, pero también cada una de las dificultades -no pocas- que debió enfrentar como hija, mujer, madre, esposa y amante. Hoy preguntas enunciadas por ella hace tantas décadas tienen un enorme significado y nos hacen ver cuánto aún nos queda por avanzar.

¿Cuándo se enternecerá nuestra conciencia hasta un punto tal que nos lleve a actuar para prevenir la miseria humana en lugar de vengarla?

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Un comentario sobre “Eleanor Roosevelt: La MUJER tras la Primera Dama.

    josefa escribió:
    marzo 22, 2015 en 5:29 pm

    Por muchos años siempre tuve en mi escritorio y a primera vista una cita de Eleanor Roosevelt que dice:
    “Yestarday is history, tomorrow is a mistery, today is a gift, that´s why is called the present.”

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