Biografía

Recorrido

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Deseo poder alcanzar aquellos días en que solo podíamos hablarnos si nos mirábamos a los ojos.

Cuando una visita siempre implicaba una invitación a recorrer, ya sea porque el camino para llegar era muy largo o los medios demasiado escondidos. 

Y el destino era tan difuso, que el final, mezclaba parte del viaje con un destino no conocido. Y en el momento,  se revelaba que nada es inmediato y mucho ya lo habías construido. 

Porque -al llegar- cada cosa que uno hace es tan trivial como el esfuerzo y el reflejo de lo conocido.

Hoy, que muchas veces me abofetea la confusión de que -como existe lo fácil- lo verdadero debiese ser derecho adquirido, te doy gracias, recorrido. 

Imafemario. 

Tina Modotti: La mujer infinita (José Ignacio Valenzuela)

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Hace mucho tiempo que las excusas  no dejaban que salieran de mi teclado palabras propias. Quizás porque hace mucho que no me detenía. Y no me dejaba sorprender con lo que me llevó por primera vez a escribir en este blog sea otra vez, esta misma sensación: maravillarme por la vida y el completo anonimato de una mujer con alas, de la que no había conocido su vuelo.

Sucedió dentro de esos paneles, donde las mujeres nos acostumbramos, especialmente en verano, arrancar de raíz para sentirnos más femeninas y propias (Debo reconocer que mi feminismo topa con ese paradigma en forma constante). Ahí estaba leyendo esas revistas de papel couché, con el Chascas (José Ignacio Valenzuela) y la Leonor Varela en portada, y una entrevista acerca de la última novela que él escribió,  inspirado en una admiración (compartida entre ambos) por la vida de Tina Modotti.

¿Quién era esa mujer de la jamás había escuchado su nombre? Al parecer una fotógrafa italiana no lo suficientemente famosa par llamar mi atención antes, pero extremadamente talentosa como para se escribieran cientos de historias sobre ella. Y lo más sorprendente, fue que solo vivió 46 años. Leer el resto de esta entrada »

Elvira Sastre: a la mierda el conformismo

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La idea de escribir de Elvira Sastre partió como una necesidad de reparar un error de un post anterior. Generalmente cuando hago alguna mini referencia o escribo algo de alguna autora, suelo añadir junto con su la imagen de ella, una foto con alguna cita que me guste. Cuando se me ocurrió googlear “frases de Clarice Lispector” me apareció la siguiente:

“He querido tanto que me he olvidado. He olvidado tanto que me he dejado de querer. Pero he muerto tantas veces que ahora sé resucitar.”

Sin revisarlo, la subí, junto a la multicolor imagen alada de la Lispector. Una lectora –Myriam- a la que aprovecho de agradecer nuevamente el comentario, me señaló que no encontraba el libro de dicha cita de la Lispector y que solo le hacía referencia a una escritora española, Elvira Sastre, de quién hasta ese día yo no había escuchado ni menos leído palabra. Me prometí a misma, que como mínimo investigaría sobre ella a modo de reparar dicho error por no corroborar la fuente de la imagen.

Así partió mi relación literaria con la Sastre. Y cada cosa que leo de ella abre mil puertas y miles de caminos hacia muchas emociones que se encontraban dormidas o inactivas, o juegan con mi empatía, la nostalgia y, por supuesto, la melancolía. Otras me son desconocidas, pero sin embargo, llaman a recorrerse pues lo que me produce esta escritora es una profunda admiración en la sutil sabiduría detrás de sus palabras, que sorprende al darse cuenta que esta segoviana tiene solo 23 años. Su corta edad se refleja cuando lees en su biografía que a los quince años en vez de tener la cabeza en novios y vestidos, abría su primer blog “Relocos y Recuerdos” que mantiene activo hasta hoy. No sé ustedes, pero a esa edad mi principal prioridad era saber si me dejarían ir a la fiesta el siguiente fin de semana y esperar al lado del teléfono fijo para ver si por telepatía lograba la tan ansiada llamada del pololo de turno. Vaya loop generacional, me haré una friega con la cedula de identidad al terminar de escribir este post. Pero eso solo confirma la magia de lo infinito en la poesía.

En sus palabras se agradece la honestidad, a tiempos brutal y gráfica, a otros adolescente y mimosa. Esa complejidad presente siempre en la verdad que solo aparece cuando l@s grandes escritor@s son capaces de liberarse de soberbia y el pudor para dejar expuestos sus sentimientos y tocarte solo con textos. Ha publicado los poemarios “Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo”, “Baluarte” y “Tú la Acuarela/Yo la Lírica”, este último en conjunto con las acuarelas de Adriana Moragues con maravillosas ilustraciones. Como sucede muchas veces, el arte es capaz de manifestarse de muchas formas en una sola persona y además de escribir, Elvira también canta y es traductora. Actualmente se encuentra preparando su primera novela, y aunque no se encuentre publicada en Latinoamérica (al menos en Chile) esperamos pronto tener noticias de ella. Por el momento, dios y el diablo cuiden de Internet que me permiten compartir parte de sus palabras.

Si quieren saber más de ella pueden visitar su página web: www.elvirasastre.net o una reciente entrevista que ruin magazine  realizó acerca de ella, http://ruinmag.in/literatura/la-poesia-del-sobrevivir-de-elvira-sastre/. Por supuesto, la encuentras en las redes sociales también.

YO NO QUIERO SER RECUERDO

A la mierda
el conformismo:

yo no quiero
ser recuerdo.
Quiero ser tu amor imposible,
tu dolor no correspondido,
tu musa más puta,
el nombre que escribas en todas las camas
que no sean la mía,
quien maldigas en tus insomnios
quien ames con esa rabia que solo da el odio. Leer el resto de esta entrada »

5 Mujeres Chilenas Pioneras y de las que seguramente no habías escuchado.

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Hace poco llegó de regalo a mis manos el libro “Mujeres Chilenas Inolvidables”, una recopilación con la reseña de vida de más de 80 mujeres chilenas que han dejado alguna huella en la breve historia escrita de nuestro territorio. Ya había escuchado de él en algún programa radial y tal como señala su prólogo “pone de relieve a mujeres del pasado y del presente, cuyas acciones, ideas y miradas han enriquecido la cultura y el diálogo en nuestro país y el mundo”.

 Y puesto que las listas están en boga, decidí hacer una personal basándome en una idea general, que hayan sido las primeras en abrir caminos en alguna área o actividad y que no sean tan reconocidas, como por ejemplo, la Mistral.

1.- Sor Úrsula Suárez (1666-1749): fue la primera mujer chilena escritora de la cual se guardan registros.  A pesar de pertenecer a una familia privilegiada, Amanda Pinto, su verdadero nombre, desarrolló a muy temprana edad una completa rebeldía hacia la institución del matrimonio y la estructura patriarcal. De esta manera, vio en el ingreso a un convento de monjas, la posibilidad de liberarse de una vida en la compañía de un hombre. Obligada por su confesor, escribió una autobiografía, práctica habitual para mantenerlas por “el buen camino”. Solía engañar a los hombres diciéndole que no era monja.

Todos mis pecados fueron engañar a los hombres por vengar a las mujeres por las que ellos han burlado, y desde antes de cambiar los dientes empecé a vengar a las mujeres con grande empeño”

2.- La Sargento Candelaria Pérez (1810-1870): Nacida en la Chimba, al norte de Santiago, tuvo un origen humilde y escasa educación formal. Trabajando como empleada doméstica con una familia holandesa, fue como llegó hasta Perú cuando estalla la guerra contra la confederación Perú-Boliviana. Candelaria Pérez se unión a las tropas como enfermera-cantinera. Sin embargo, su enorme coraje sobrepasó las tareas asignadas y luchó al lado de sus compañeros en el campo de batalla. Fui designada Sargento y Alférez, para luego ser inmortalizada por el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, como la primer mujer soldado de Chile.

3.- Eloísa Díaz Insunza (1866-1950): Corría el año 1877 cuando fue promulgado el decreto que permitía el acceso de mujeres a la educación superior en Chile. Es por esta razón cuando en 1981, Eloísa postula a estudiar medicina en la Universidad de Chile, no fue con poco revuelo. Acompañada de su madre en la sala de clases, debió soportar y superar diversos prejuicios y resistencias tanto por parte de sus compañeros como de profesores. Sin embargo, al obtener el título de la  primera mujer en Chile y Latinoamérica en Medicina y Cirugía, ya contaba con la admiración y reconocimiento de la mayoría de sus colegas. Se dedicó a la ginecología y lideró diversas organizaciones de ayuda médica como la asociación de señoras contra la tuberculosis, la Liga contra el Alcoholismo y la Liga Chilena de Higiene Social, que la llevaron a ser reconocida como “Mujer Ilustre de América”.

“Vedado estaba para la mujer chilena franquear el umbral sagrado del templo de la ciencia. La ley se oponía a ello cerrándole el paso que conducía a las aulas oficiales en las diversas gradaciones de la enseñanza secundaria y superior. Sensible como mujer por estructura, tímida por consecuencia de su sensibilidad especial, acató ella inconscientemente la prohibición injusta que se le imponía y temió traspasar la línea que le señalara como límite a su actividad social y al desarrollo de su inteligencia”. (Eloísa Díaz, discurso de su graduación, 1887). Leer el resto de esta entrada »

Eleanor Roosevelt: La MUJER tras la Primera Dama.

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El nombre de Eleanor Rossevelt me sonaba tanto (y tan poco) como el de muchas primeras damas estadounidenses: Jackie Keneddy, Michelle Obama o Nancy Reagan. Típicos modelos anquilosados y manoseados hasta el cansancio de housewife ideal gringa, de las que nos preocupa más analizar su look , su “charm” y su “china”, que detenernos en sus proyectos o dichos. Solo Hillary Clinton a mis 38 años logró imponerse en mi pensamiento mágico como una mujer con ideas propias y un enorme potencial político. Sin embargo, se puede adivinar, sin miedo a equivocarse, la gran relevancia que pueden tener en los acontecimientos mundiales, desconociéndose, eso sí, la cuantía de éste.

Sin duda, “Las mujeres somos las grandes olvidadas de la historia” afirma dolorosamente Elena Poniatowska, que ha trabajado incansablemente para descubrir a aquellas heroínas anónimas, desconocidas, marginadas de las páginas de la historia que han participado en la génesis de las grandes transformaciones de la humanidad. Lamentablemente, la historia que conocemos, que nos enseñan desde la infancia ha sido construida bajo una única visión, la historia de la humanidad es una historia sesgada, contada en masculino. Es tarea de tod@s investigar e intentar reconstruirla.

Hace unos días, vi en H2, la señal alternativa de History Channel, un programa llamado “Diez cosas que no sabías” (se los recomiendo a los amantes de la historia). En este caso, los elegidos fueron los Roosevelt y abrió mi apetito y mi curiosidad acerca de la vida de la primera de ellas que se puso un micrófono enfrente y dio un mensaje a su país a: Eleanor Roosvelt.

Nacida el 11 de octubre de 1884 en la ciudad de Nueva York, casada con su primo (lejano) Franklin Delano Roosvelt. No fue la primera esposa de un Presidente, pero sin duda fue una pionera en la esfera política. Es considerada una de las mujeres con mayor influencia en el siglo XX. Pero para nosotros, aquí tan al oeste del charco y tan abajo de la línea de la línea del Ecuador, poco conocida es la gran vida que llevó este personaje a ser merecedora de dicho título.

Detrás de una faceta, en apariencia tradicional, se encuentra una mujer liberal, con una vida excepcional, que trabajó, luchó y construyó los cimientos de muchos de los derechos de género y humanos por los que aún existe un espacio de reivindicación. Muchas veces oponiéndose incluso a las decisiones de su marido.

Era hija de Elliott Roosevelt y Anna Hall Roosevelt, quien llamaba a su hija cariñosamente “abuelita” por sus maneras de actuar un tanto anticuadas. Eleanor, era la sobrina favorita del presidente de los Estados Unidos al inicio del siglo XX, Theodore Roosevelt. No era una mujer de gran belleza, muy alta y delgada, con aspecto deslavado, no tuvo una infancia fácil. A los 5 años debió lidiar con la muerte de su madre, su hermano y su padre en un lapso de solo tres años. Fue enviada por su abuela a un internado en Londres, del cual volvería a los 17 años e iniciaría una relación secreta con un primo lejano de su padre, Franklin Delano Roosevelt, compromiso al cual se opondría firmemente su futura suegra. A pesar de esto, se casaron en 1905 y tuvieron 6 hijos.

Su matrimonio, sin embargo, sufrió grandes baches. Cuando su marido ya era senador por el estado de Nueva York, Eleanor descubrió que la engañaba con su secretaria (la de ella!), Lucy Mercer. La familia de Franklin amenazó con desheredarlo si se divorciaba, pero Eleanor puso sus condiciones para evitar el escándalo: de ahí en adelante dormirían en cuartos separados y no podría volver a ver a su amante. Leer el resto de esta entrada »

Blanca Wiethüchter: desde un lienzo en blanco

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“La intención de la escritura también es dar testimonio. De alguna manera la intención primera en mi poesía siempre fue dar testimonio de mi aventura de la vida. Yo creo que la literatura ayuda a vivir”.

Una de las mayores barreras que me he construido para escribir de forma pública, es quizá lo mismo que Blanca siente como principal motor: dar testimonio de la propia vida. Porque no creo en las palabras (al menos las que valen la pena) ajenas de la biografía de quién las emite. Cuando se logra distinguir las huellas  que va dejando una vida distinta a la propia, es como una invitación a experimentar el mundo con lentes y altura diferentes. Con una familia, una niñez, amores y desamores que moldearon a otro. Es entrar en otra intimidad, otra estructura y calzarse una falda o un pantalón que no te pertenecen.  Y jugar un poco a cómo se siente.

Cuando escribes, es cierto, tiene mucho de testimonio. El “dejar por escrito” algo que supere este paso por la tierra. ¿Tiene algo de ego? Mucho, pero me atrevería a decir que en la mayoría de los casos, del bueno (lo sé, aún soy un poco ingenua, espero no se me pase nunca). También tiene algo de trascendencia. La cultura, para bien o para mal y como contraparte de la naturaleza, es todo lo que construimos como sociedad y nos guste o no, formamos parte de ella. La cultura va ligada a nuestra existencia y cada artista ocupará las herramientas que le son propias para expresar quiénes son o cómo ven o quieren la vida. En el caso de Blanca creo que tiene que ver con su vocación docente. Abrir su vida a través de las letras fue una forma de enseñar. Porque gran parte de su vida la dedicó a la labor de educadora.

Blanca como su nombre, debió elegir en un momento de su vida comenzar a vivirla “como un lienzo en blanco”. Nació en La Paz en 1947 y durante sus primeros años, dado sus ancestros, solo conoció el idioma alemán. En los años 50 y 60, ya cuestionaba la rigidez y la distancia que se imponía entre profesor y alumno, después con sus lecturas de experiencias innovadoras de plena libertad en Inglaterra, sus conversaciones con Arturo Orías, su profesor de teatro del colegio Alemán y su lectura de poesía, pudo comprender ese su rechazo y fundar en él mismo su actitud educativa. Dejó de lado el alemán como lengua nativa e hizo suyo el castellano, para hablar desde la tierra que la vio nacer. Rompió su propia estructura y pudo dar testimonio desde una vereda que sintió propia y no una adquirida artificialmente. Es por esto que al explicar sus razones señala: “Mi mundo amoroso era el castellano”.

Creo que muchas veces tenemos la oportunidad, pero pocas la decisión para partir todo de cero.

Porque Blanca no solo hizo propio el idioma, sino que también el lugar que habita, rindiéndole homenaje: “Es evidente que todos los caminos en la poesía de Blanca Wiethüchter conducen a la ciudad. Canta el poeta el canto que la ciudad canta; sufre el sufrimiento que la ciudad sufre y se alegra con la alegría con que la ciudad se alegra. Contempla con dilatadas pupilas la contemplación de los altos muros que la ciudad contempla. Los muertos que en la ciudad respiran, son quienes le señalan los caminos, en la amplitud, en el espacio. Luego el silencio y el olvido, y la lluvia; el dolor y el amor, el encanto y la muerte, el ruido y los habitantes, y el viento, en la ciudad se reencuentran”.

Esta mujer, de apellido difícil de pronunciar para quienes no tenemos conocimientos teutónicos, es una de las escritoras y poetizas bolivianas más relevantes del último siglo. Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, donde después ejerció la docencia y fue directora. Se graduó en Ciencias de la Educación en la Universidad de La Sorbona, en París, y en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de París. Se casó con el compositor Alberto Villalpando, con quien tuvo 3 hijos. Su legado puede conocerse a través de tres esferas: su poesía- sus ensayos sobre arte: literatura, pintura y música- y la tercera, su acción educativa. Por lo que he leído en sus biografías es en esta última donde logró calar hondo en la vida de muchos jóvenes. Una de sus estudiantes resume su método así: Blanca mostraba, compartía y contagiaba, cuando se sentía como aquella niña que está muerta de miedo al ver al dragón y después de todo termina haciéndose amiga de él. Leer el resto de esta entrada »

Alfonsina Storni: Suéñame que me hace falta

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Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años que está hospedada en una pensión de Mar de Plata sufre de dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor, llama a la asistenta del lugar y dicta una carta para su hijo Alejandro, de 26 años: “… Suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
Ya en la madrugada del 25 de octubre de 1938, la mujer sale de su habitación. La tormenta ha comenzado. Quizás ya había escogido el lugar en días anteriores. Quizás nada más caminó y lo encontró. Los suicidas siempre tienen secretos que se llevan consigo. Lo cierto es que llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar.
En las primeras horas de la mañana, unos trabajadores ven flotar un cuerpo en la playa. Lo sacan del agua, lo llevan al hospital y reconocen a la muerta como la poeta Alfonsina Storni.
Tres años antes, en 1935, a Storni le fue detectado un cáncer mamario. Los doctores la operan y pierde el seno derecho. La amputación provoca un profundo trauma en Alfonsina. Se suma en una serie de depresiones y se aísla de sus amistades. Comienza una vida en solitario y su estado de ánimo empeora cuando al cabo de poco tiempo, se da cuenta que el mal se ha extendido y que no hay cura posible. La morfina alivia sus dolores físicos momentáneamente, pero no los del espíritu.
La vida de Alfonsina Storni nunca fue fácil. Los negocios de su padre Alfonso, alguna vez prósperos, se vienen abajo cuando ella es apenas una niña. Ella se ve obligada a trabajar desde los 11 años para ayudar en la economía de la familia. Él sufre fuertes depresiones y muere cuando Alfonsina tiene 14 años.

Alfonsina tuvo que dejar la escuela, pero en cuanto puede ingresa a la Escuela Normal para sacar un título de maestra. Debido a la pobreza, trabaja como celadora de la Escuela, pero también se dedica a otros oficios. Los fines de semana viaja a Rosario a cantar en un tabladillo, un género cercano al cabaret. Cuando se enteran en Coronda, el lugar donde estudia, sufre una humillación pública, la primera que habría de sufrir a lo largo de su vida por su forma de vida y por sus ideas.
Pero esa humillación le pesó demasiado. Se encerró en su cuarto durante varias horas y al no responder para ir a comer, entraron en la habitación. Ella no estaba, pero sí una nota que decía: “Después de lo ocurrido, no tengo ánimo para seguir viviendo. Alfonsina”. Los compañeros se asustan y salen a buscarla al Río Paraná, cercano a la Escuela. La encuentran y todo no pasa de un susto, pero seguramente la semilla del suicidio quedó metida en su cabeza desde entonces.
Ya graduada se trasladará a Rosario donde conocerá a Carlos Arguimbau, un hombre casado, 24 años mayor que ella, figura prominente de la ciudad y muy culto, que cautivaría a Alfonsina. Al saberse embarazada de él, ella decide viajar a Buenos Aires y asumir su condición de madre soltera.
Es 1912. Tiene poco dinero, está sola, y carga una maleta que más que ropa, está llena de sus versos y de libros de Rubén Darío. Se hospeda en una humilde pensión y ejecuta diversos trabajos para subsistir y mantener a su hijo que nace en abril. Trabaja como cajera en una farmacia y luego en un almacén. También hace labores de modista. Más adelante trabaja en una empresa importadora de aceite de oliva, en un cargo llamado “corresponsal psicológico” y que equivaldría a lo que hoy conocemos como marketing y publicidad. Aborrece su trabajo, pero lo necesita para sobrevivir. En los momentos en que puede, en esa misma oficina escribe un libro de versos llamado La inquietud del rosal, un libro que ella considera pésimo, pero que “escribí para no morir”. Leer el resto de esta entrada »