Fotografía

Ángeles Mastretta: una previa

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Esta mujeraza dá para más,…. esto es solo una previa. Un consejo: en 30 minutos se leen “Una Eternidad como la Mía” (en Kindle por menos de 5 $US), para leérselo y refregárselo, sin posibilidad de cura.

“Yo me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme: ni la pena ni el éxtasis para que cuando sea viejo tenga como deleite la detallada historia de mis días.”

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Shadi Ghadirian: La Fotógrafa del Corán

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(por Luz Espinosa)

“¡Y sabed que ellas tienen los mismos derechos que ellos, como saben los que tienen conocimiento!”.

(Corán: 2,228)

El Corán tiene rango de Constitución Islámica: contiene no sólo normas con efecto espiritual o religioso, sino todo el conjunto de reglas sociales y políticas que conforman el modelo de Estado.

El Corán no ha tenido la más mínima modificación, desde su puesta por escrito en el siglo VII, y es aceptado como ley suprema con
efectos morales, jurídicos y sociales por todos los musulmanes sin excepción. A pesar de que el Corán ve como iguales a hombres y mujeres, éstas han visto cómo se imponen en la práctica las costumbres misóginas y discriminatorias que estos países tenían antes de la llegada de Islam, y que la religión trató de erradicar.

Desde hace algunas décadas, las musulmanas han ido borrando la idea que gira en torno a su sociedad; la deformación de ésta ha generado en mujeres islámicas la necesidad de expresarse a través del arte. Farida Benlyazid, cineasta marroquí, expresó que “el islam es tolerancia o no es islam”.

Shadi Ghadirian eligió la fotografía como medio de expresión. Nacida en Irán, en 1974, muestra en cada una de sus fotografías la dualidad y contradicción de la vida islámica. Su primera serie, Qajar Series, la realizó entre el cambio de siglo, entre 1998 y 2001. En ésta, muestra a mujeres con vestidos del siglo XIX y en los escenarios añade algunos elementos actuales como una bicicleta de montaña, un periódico o una botella de Pepsi, para jugar con el concepto de cambio dentro de su sociedad.


Su trabajo muestra a la típica mujer iraní vestida con un chador, la fotógrafa no teme ser arrestada por su trabajo: siempre utiliza el pañuelo en sus modelos, pues es una parte de su realidad. Conoce los límites que la sociedad establece y no pretende buscar la provocación y la confrontación explícita. Busca mostrar la realidad de la sociedad iraní y el velo y el chador son parte de ella.

La planchas, cacerolas, cucharas….. no representan a la mujer iraní sólo como un objeto, pues como el nombre de la serie lo dice: Like every day muestra las “extensiones” que las mujeres de esa cultura utilizan para realizar las actividades de su día a día.

Shadi Ghadirian busca mostrar, con respeto y admiración, la vida de las mujeres del país en el que le tocó vivir. “Es muy lindo cómo las mujeres usan el vestido en Irán. Creo que es bastante diferente a otros países. Hay variedad también dependiendo de cómo interpreten su cuerpo en relación a la comunidad. No hay muchas, pero las que son religiosas van todas de negro. En mi caso voy vestida con pantalones y trajes-chaqueta. Llevo un pañuelo en la cabeza, pero es muy pequeño. En el interior de las casas todo cambia, ahí puedes vestir como quieras”.

La fotógrafa reconoce que, a pesar de la visión que se tiene sobre su cultura, no dejaría su país y que lejos de la visión que se tiene sobre las mujeres musulmanas, siente respeto y admiración por su cultura, pues el Corán ve como iguales a hombres y mujeres.

En algún tiempo, los “sabios” y filósofos de la religión cristiana discutieron sobre la existencia del alma en la mujer y, después de un debate, ellas ganaron, por un voto, el alma, la que al final obtuvieron sólo como “remedio de la concupiscencia”. El Corán siempre las ha visto como iguales y no se puede criticar lo que no se vive en carne propia.

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Paz Errázuriz : Fotógrafa Chilena

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Hay profesiones de las que se conocen pocas representantes femeninas chilenas. Este es el caso de Paz, que cuenta con una gran trayectoria y curriculum. A pesar de vivir y trabajar en Chile, para los que no pertenecemos al circuito, nos es casi una desconocida.

Nació en Santiago de Chile. Luego de estudiar Educación en Cambridge Institute of Education, Inglaterra en 1966, y Educación en la Universidad Católica de Chile, en 1972, empezó su formación como fotógrafa autodidacta la que perfeccionó en International Center of Photography de Nueva York en 1993.

Inició su actividad profesional y artística en la década de los ochenta. Dado su interés por explorar diversas temas del entramado social, sus fotografías en blanco y negro han abordado principalmente el género del documento social, experimentando a su vez en video arte con su video El Sacrificio.

Ha publicado libros como El Infarto del Alma junto a Diamela Eltit, La Manzana de Adán junto a Claudia Donoso, Kawesqar: Hijos de la Mujer Sol, Amalia -libro para niños- y  una antología de su obra Paz Errázuriz, fotografía 1982-2002.
Su trabajo ha sido expuesto  en Chile e internacionalmente destacando su exposición Réplicas y Sombras en la sala de Fundación Telefónica en Santiago 2004.

Cofundadora de la Asociación de fotógrafos Independientes (AFI) y colaboradora de l revista Apsi y de diversas agencias de prensa, ha recibido las becas Guggenheim (1986), Fundación Andes (1990), Fulbright (1992) y Fondart (1994 y 2009). Ha recibido el premio Ansel Adams, otorgado por el instituto Chileno Norteamericano de Cultura, en 1995, el Premio a la Trayectoria Artística del Círculo de Críticos de Arte de Chile en 2005 y el premio Altazor en 2005.

“La flotante ambiguedad del quizás, del tal vez, que opera en las fotos de Paz Errázuriz como inductor de sospechas en torno a qué es lo realmente extraño en ellas, nos lleva a desconfiar de los índices sociales que catalogan normalidad y anormalidad. Después de mirar una de sus fotografías, proyectamos la sombra de una misma desconfianza hacia toda catalogación presuntamente asegurada. Las identidades retratadas por Paz-identidades que van desde lo común (lo ordinario, lo cotidiano) hasta lo des-comunal (lo monstruoso, lo insólito, lo extremo)- caen bajo el mismo examen de luz, son inexorablemente sometidas a la misma nitidez que llama a precisión de rasgos y carácteres.” (Nelly Richard)

Para sus fotografías tienen algo de abandono, y la ausencia de color , solo acrecientan esta sensación, donde la luz pareciera ser la única que da vida a estos personajes al otro lado del lente.

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