Fragmentos

Denise Márquez: le contó a un pajarito (muchas cosas)

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Todo cae. Caen las lágrimas, los objetos, los planes. Caen en los silencios, en el abismo, terminan en los bares. Cuelgan un tiempo en el recuerdo, penden de unhilo; pero siempre caen al vacío. Caen hasta el fondo después de humillarse. Caen agotados de tanto esfuerzo y pocos resultados. Caen los sueños y oscurecen cuando alguien se despierta. Caen censuradas las palabras por la garganta. Todo cae de tristeza o de olvido, cae por accidente o destino. Van por el aire y nadie lo sujeta ni lo intenta. Caen, se estrellan y cortan. Ya en el suelo no sirven. Caen, caemos, no hay quién nos salve.

Caen y todo lo roto se parece.

Denise Márquez

http://denisesoyletras.tumblr.com/

¿Quién es Denise? Denise Márquez: Mexicana, de Tijuana , según sus palabras: “Uso la tinta, el papel y las 27 letras del alfabeto para expresar mi sentir. Pierdo la concentración por pensar en la belleza metafórica de las cosas. Escribir es lo que me gusta. Soy letras.

(fuente: http://gesioz.blogspot.cl , pero me falta mucho por averiguar)

Fragmentos del Desierto: Guadalupe Nettel

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El desierto es un extenso ejercicio de paciencia. Quien pretende cruzarlo debe adquirir el arte de la tolerancia. Difícilmente un viaje en el desierto es ajeno a la angustia y a la desesperación de sentirse perdido. A cambio, sin embargo, se nos ofrece una inagotable exhibición de belleza.

El paciente es aquel que resiste y soporta por un tiempo indeterminado una acción exterior sobre él. Adentrarse en el desierto implica convertirse en su paciente.

De lejos la caravana es una línea negra que se mueve; de cerca, toda una aldea; un pueblo lleno de gente afanada, olor a comida, llanto de niños, intrigas, amoríos secretos. Desde allí, todas las tierras son lejanas, también la nuestra, incluso aquella por donde la caravana va pasando.

La arena es el material con el que se mide el tiempo. El desierto es el reloj de todas las eras.

Es lo minúsculo lo que nos guía en el desierto. Los conductores de las caravanas reconocen la ruta en lo pequeño: un desnivel del suelo, una piedra habitada por serpientes, los sutiles cambios en el color de la arena, una brizna de hierba, son los signos que les permiten ubicarse. El viajero que pretende orientarse calculando las dimensiones que lo separan de su destino se pierde sin remedio.

Los pasos que damos sobre la arena caliente cansan diez veces más que sobre el pavimento. Sin un destino fijo, aseguran algunos, no vale la pena moverse. Pero ¿qué puede ser «un destino fijo» en el desierto? Leer el resto de esta entrada »

Alfonsina Storni: Suéñame que me hace falta

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Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años que está hospedada en una pensión de Mar de Plata sufre de dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor, llama a la asistenta del lugar y dicta una carta para su hijo Alejandro, de 26 años: “… Suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
Ya en la madrugada del 25 de octubre de 1938, la mujer sale de su habitación. La tormenta ha comenzado. Quizás ya había escogido el lugar en días anteriores. Quizás nada más caminó y lo encontró. Los suicidas siempre tienen secretos que se llevan consigo. Lo cierto es que llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar.
En las primeras horas de la mañana, unos trabajadores ven flotar un cuerpo en la playa. Lo sacan del agua, lo llevan al hospital y reconocen a la muerta como la poeta Alfonsina Storni.
Tres años antes, en 1935, a Storni le fue detectado un cáncer mamario. Los doctores la operan y pierde el seno derecho. La amputación provoca un profundo trauma en Alfonsina. Se suma en una serie de depresiones y se aísla de sus amistades. Comienza una vida en solitario y su estado de ánimo empeora cuando al cabo de poco tiempo, se da cuenta que el mal se ha extendido y que no hay cura posible. La morfina alivia sus dolores físicos momentáneamente, pero no los del espíritu.
La vida de Alfonsina Storni nunca fue fácil. Los negocios de su padre Alfonso, alguna vez prósperos, se vienen abajo cuando ella es apenas una niña. Ella se ve obligada a trabajar desde los 11 años para ayudar en la economía de la familia. Él sufre fuertes depresiones y muere cuando Alfonsina tiene 14 años.

Alfonsina tuvo que dejar la escuela, pero en cuanto puede ingresa a la Escuela Normal para sacar un título de maestra. Debido a la pobreza, trabaja como celadora de la Escuela, pero también se dedica a otros oficios. Los fines de semana viaja a Rosario a cantar en un tabladillo, un género cercano al cabaret. Cuando se enteran en Coronda, el lugar donde estudia, sufre una humillación pública, la primera que habría de sufrir a lo largo de su vida por su forma de vida y por sus ideas.
Pero esa humillación le pesó demasiado. Se encerró en su cuarto durante varias horas y al no responder para ir a comer, entraron en la habitación. Ella no estaba, pero sí una nota que decía: “Después de lo ocurrido, no tengo ánimo para seguir viviendo. Alfonsina”. Los compañeros se asustan y salen a buscarla al Río Paraná, cercano a la Escuela. La encuentran y todo no pasa de un susto, pero seguramente la semilla del suicidio quedó metida en su cabeza desde entonces.
Ya graduada se trasladará a Rosario donde conocerá a Carlos Arguimbau, un hombre casado, 24 años mayor que ella, figura prominente de la ciudad y muy culto, que cautivaría a Alfonsina. Al saberse embarazada de él, ella decide viajar a Buenos Aires y asumir su condición de madre soltera.
Es 1912. Tiene poco dinero, está sola, y carga una maleta que más que ropa, está llena de sus versos y de libros de Rubén Darío. Se hospeda en una humilde pensión y ejecuta diversos trabajos para subsistir y mantener a su hijo que nace en abril. Trabaja como cajera en una farmacia y luego en un almacén. También hace labores de modista. Más adelante trabaja en una empresa importadora de aceite de oliva, en un cargo llamado “corresponsal psicológico” y que equivaldría a lo que hoy conocemos como marketing y publicidad. Aborrece su trabajo, pero lo necesita para sobrevivir. En los momentos en que puede, en esa misma oficina escribe un libro de versos llamado La inquietud del rosal, un libro que ella considera pésimo, pero que “escribí para no morir”. Leer el resto de esta entrada »

Clarice Lispector: My Precious

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¿Alguna vez han tenido esa sensación de haber descubierto un gran tesoro, pero éste ha estado siempre ahí y -por despite o ignorancia- simplemente, no lo has visto antes? Bueno, eso es lo que me sucede cuando encuentro una escritora nueva de la que jamás he escuchado. Fue lo que me pasó hace pocos días, gracias a este terrible flagelo que para algunos es Facebook.

Voy a partir por el principio (a veces no queda de otra). Como a los 24 me vino la volada literaria por las escritoras mujeres latinoamericanas. Después dado el tamaño de la nación, decidí sumar -ya que compartimos idioma- a las de la madre patria (qué divertido esto de que nos hayan dado a luz, cómo si antes hubiésemos estado en la oscuridad, no?) . Y cuál bandera de lucha, me dediqué solo a leer cualquier cosa que encontrara por ahí escrito por autoras que escribieran por el solo hecho de hacerlo en español. Lo del idioma tiene una explicación muy simple. No soy una big fan de las traducciones. Tuve una profe de inglés muy inspiradora, que nos hizo ver los horrores de las traducciones  al inglés en poemas de Neruda  que me hicieron cuestionar a tal punto el tema,  que no sé cómo es que se ganó un Nobel.

Ya he dejado lo talibana del tema sólo para la poesía, pero creo que ahí está la respuesta de porqué jamás escuché antes de Clarice Lispector. Sólo por una barrera idiomática, porque aunque el nombre suene a gringo, es un icono de la literatura de la generación del 45 brasileña. Lo más brutal, tiene la edad de mis abuelas, y tal y cómo lo ha expresado su hijo, la magnifico  de sus escritos es que fueron tan   fuera de época, que hoy tienen incluso más vigencia.

Como un tesoro, primero quise saber todo lo que había, con un hambre voraz, quise encontrar cuánto hubiese… poemas, cuentos, novelas, HASTA PINTA!!!! y, finalmente, saltó de frente la imagen de una diva a lo Loren. Guapa, una mujer misteriosa poseedora del garbo que da la mirada de gato y unos labios siempre sellados. Guardiana de secretos y dolores de quien salió de niña huyendo de una europa nazi cuando ella fue de origen judío. Su madre murió joven, por la sífilis contagiada de las torturas recibidas antes de cambiar de continente. Vivió quizás cuántas soledades en una tierra que supo hacer propia. Ahora se pueden descubrir en calma. Lo que viene es tomar uno uno, cuánto hay por sentir de cada pieza.

Les dejo la primera, que inspiró este post.

“Ya escondí un amor por miedo de perderlo. Ya perdí un amor por esconderlo. Ya me aseguré en las manos de alguien por miedo. Ya he sentido tanto miedo, hasta el punto de no sentir mis manos. Ya expulsé a personas que amaba de mi vida, ya me arrepentí por eso. Ya pasé noches llorando hasta quedarme dormida. Ya me fui a dormir tan feliz, hasta el punto de no poder cerrar los ojos. Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que ellos no existen. Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.
Ya pasé horas frente al espejo tratando de descubrir quién soy. Ya tuve tanta certeza de mí, hasta el punto de querer desaparecer. Ya mentí y me arrepentí después. Ya dije la verdad y también me arrepentí. Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar en silencio en un rincón. Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír. Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían. Ya tuve ataques de risa cuando no debía. Ya rompí platos, vasos y jarrones, de rabia. Ya extrañé mucho a alguien, pero nunca se lo dije.
Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar. Muchas veces dejé de decir lo que pienso para agradar a unos, otras veces hablé lo que no pensaba para molestar a otros. Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros. Ya conté chistes y más chistes sin gracia, sólo para ver a un amigo feliz. Ya inventé historias con finales felices para dar esperanza a quien la necesitaba. Ya soñé de más, hasta el punto de confundir la realidad. Ya tuve miedo de lo oscuro, hoy en lo oscuro me encuentro, me agacho, me quedo ahí.
Ya me caí muchas veces pensando que no me levantaría, ya me levanté muchas veces pensando que no me caería más.Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería. Ya corrí detrás de un carro, por llevarse lejos a quien amaba. Ya he llamado a mi madre en el medio de la noche, huyendo de una pesadilla. Pero ella no apareció y fue una pesadilla peor todavía. Ya llamé a personas cercanas de “amigos” y descubrí que no lo eran… a algunas personas nunca necesité llamarlas de ninguna manera y siempre fueron y serán especiales para mí…
No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre. No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón! No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente! No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!
Me gustan los venenos más lentos, las bebidas más amargas, las drogas más potentes, las ideas más insanas, los pensamientos más complejos, los sentimientos más fuertes. Tengo un apetito voraz y los delirios más locos. Pueden hasta empujarme de un risco y yo voy a decir: “Qué más da? Me encanta volar!”

Quedan cuántos tesoros más por descubrir, partiré con Agua Viva, al menos que me recomienden otro antes.

Gioconda Belli: Manifiesto de PIE (El País de las Mujeres, fragmento)

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MANIFIESTO DEL PARTIDO DE LA IZQUIERDA ERÓTICA (PIE)

1. Somos un grupo de mujeres preocupadas por el estado de ruina y desorden de nuestro país. Desde que esta nación se fundó los hombres han gobernado con mínima participación de las mujeres, de allí que nos atrevamos a afirmar que es la gestión de ellos la que ha sido un fracaso. De todo nos han recetado nuestros ilustres ciudadanos: guerras, revoluciones, elecciones limpias, elecciones sucias, democracia directa, democracia electorera, populismo, casi-fascismo, dictadura, dicta blanda. Hemos sufrido hombres que hablaban bien y otros que hablaban mal; gordos, flacos, viejos y jóvenes, hombres simpáticos y hombres feos, hombres de clase humilde y de clase rica, tecnócratas, doctores, abogados, empresarios, banqueros, intelectuales. Ninguno de ellos ha podido encontrarle el modo a las cosas y nosotras, las mujeres, ya estamos cansadas de pagar los platos rotos de tanto gobierno inepto, corrupto, manipulador, barato, caro, usurpador de funciones, irrespetuoso de la constitución. De todos los hombres que hemos tenido no se hace uno. Por eso nosotras hemos decidido que es hora de que las mujeres digamos: SE ACABÓ.

2. De todas es conocido que las mujeres somos duchas en el arte de limpiar y manejar los asuntos domésticos. Nuestra habilidad es la negociación, la convivencia y el cuido de las personas y las cosas. Sabemos más de la vida cotidiana que muchos de nuestros gobernantes que ni se acercan a un mercado; sabemos lo que está mal en el campo y lo que está mal en la ciudad, conocemos las intimidades de quienes se las dan de santos, sabemos de qué arcilla están hechos los varones porque de nosotras salieron aún los peores, ésos que la gente libra de culpa cuando los llama hijos de mala madre.

3. Por todo lo anterior, hemos considerado que para salvar este país las mujeres tenemos que actuar y poner orden a esta casa destartalada y sucia que es nuestra Patria, tan Patria nuestra como de cualquiera de esos que mal han sabido llevar los pantalones y que la han entregado, deshonrado, vendido, empeñado y repartido como se repartieron los ladrones las vestiduras de Jesucristo (q.e.p.d.) Leer el resto de esta entrada »

La Mujer Rota: Simone de Beauvoir (fragmentos)

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La Mujer Rota estaba en la biblioteca de mis papás (creo que aún lo está), y un verano como por los 17, lo comencé a leer. Me pareció todo muy lejano, de vidas muy distintas a la mía y a la mujer que creía ser. 20 años después, la realidad es otra, y asombra la capacidad de la beauvoir allá por 1968, para  aprehender temáticas que aún son muy vigentes. Hoy volví revisar el libro, y quise compartir  algunos fragmentos.

En el  libro hay tres narraciones, independientes entre si y llenas de problemáticas universales, en que cuesta no encontrar más de alguna con cual sentirse identificada. Sin embargo, comparten mas de una cosa: la protagonista de las tres historias es siempre una mujer y la atmósfera de las tres historias, el telón de fondo de cada página, es la desolación, la angustia, los cuestionamientos, los auto reproches, la sensación abrumadora de que la vida paso rápido y paso por al lado.
Tres narraciones escritas magistralmente, con delicadeza y a la vez con furia: “La Edad de la Discreción”, “El Monólogo” y “La Mujer Rota”.

Una mujer que ha perdido a su hija de 17 años asesinada. Muchos años después caminando por Paris mantiene un agudo autoanálisis. Odia todo y a todos, todo le da asco, nada le parece que valga la pena. Sin embargo, es recién en este intrspección (que comparte con nosotros) cuando comienza a unir la muerte de su hija con su inconformidad con el mundo. Recién aquí comienza a darle espacio a la posibilidad de que “la inmundicia de la civilización” este unida a su desconsuelo de no poderse armar siendo mujer-madre, pero sin su hija. Sin embargo, acá no hay consuelo, no hay remedio. Es la historia de su vida, desde el día en que le quitaron a su hija hasta el día en que esta mujer muera.

Una mujer que ha perdido a su marido, luego de que este abandonara la casa junto a una mujer mas joven. Luego de años de vivir una cotidianidad aburrida, sin conversaciones, sin emociones, sin encuentros, el decide irse. Y entonces se encuentra ella, vacía en el mundo, su único interés en la vida había sido amar y su marido. ¿Que le quedaba entonces cuando ninguna de las dos cosas estaban?.

Una mujer que un día descubre que ya no es la misma, que su marido no es el mismo, que su matrimonio ya no es el mismo. Que ya no hay nada por conocer, por descubrir, que ya no existe la posibilidad de asombrase con nada del otro. Descubre con desespero que ambos dejaron que la vida, que los días, que los momentos les pasaran por el lado y simplemente se acostumbraron a todo. Y ahí, con esa certeza que la mata, surge la angustia de saber que no hay nada por hacer ya, o mas bien, que ella no es capaz de hacer nada ya.

les dejo los siguientes fragmentos del libro….

-¿Qué hacer cuando el mundo se ha descolorido? No queda más que matar el tiempo

– Ya sé. En mi juventud se me dijo tanto que estaba equivocada, y tener razón me costó tanto, que rechazo equivocarme.

– La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas otras me han sido dadas.

– Los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.

– Conozco a esas jóvenes “a la moda”. Tienen una vaga profesión, pretenden cultivarse, hacer deportes, vestirse bien, mantener impecable su departamento, educar perfectamente a sus hijos, llevar una vida mundana, en una palabra, éxito en todos los planos. Y no tienen verdadero interés por nada. Me hiela la sangre.

– ¿Qué significa amar, para él, hoy día? Leer el resto de esta entrada »

La Última Niebla: María Luisa Bombal (fragmento)

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…..Hace varias horas que hemos llegado a la ciudad. Detrás de la espesa cortina de niebla, suspendida inmóvil alrededor de nosotros, la siento pesar en la atmósfera.

…..La madre de Daniel ha hecho abrir el gran comedor y encender todos los candelabros sobre la larga mesa de familia donde , en una punta, nos amontonamos, entumecidos. Pero el vino dorado, que nos sirven en copas de pesado cristal, nos entibia las venas; su calor nos va trepando por la garganta hasta las sienes.
…. Daniel, ligeramente achispado, promete restaurar en nuestra casa el oratorio abandonado. Al final de la comida hemos convenido que mi suegra vendrá con nosotros al campo.
…. Mi dolor de estos últimos días, ese dolor lancinante como una quemadura, se ha convertido en una dulce tristeza que me atrae a los labios una sonrisa cansada. Cuando me levanto, debo apoyarme en mi marido. No sé por qué me siento tan débil y no sé por que no puedo dejar de sonreír.
…. Por primera vez desde que estamos casados, Daniel me acomoda las almohadas. A medianoche me despierto, sofocada. Me agito largamente entre las sábanas, sin llegar a conciliar el sueño. Me ahogo. Respiro con la sensación de que me falta siempre un poco de aire para cada soplo. Salto del lecho, abro la ventana. Me inclino hacia afuera y es como si no cambiara de atmósfera. La neblina, esfumando los ángulos, tamizando los ruidos, ha comunicado a la ciudad la tibia intimidad de un cuarto cerrado.
…. Una idea loca se apodera de mí. Sacudo a Daniel, que entreabre los ojos.
…..-Me ahogo. Necesito caminar. ¿Me dejas salir?
…..-Haz lo que quieras -murmura, y de nuevo recuesta pesadamente la cabeza en la almohada.
…..Me visto. Tomo al pasar el sombrero de paja con que salí de la hacienda. El portón es menos pesado de lo que pensaba. Echo a andar, calle arriba.
…. La tristeza reafluye a la superficie de mi ser con toda violencia que acumulara durante el sueño. Ando, cruzo avenidas y pienso:
…. -Mañana volveremos al campo. Pasado mañana iré a oír misa al pueblo, con mi suegra. Luego, durante el almuerzo, Daniel nos hablará de los trabajos de la hacienda. En seguida visitaré el invernáculo, la pajarera, el huerto. Antes de cenar, dormitaré junto a la chimenea o leeré los periodicos locales. Después de comer me divertiré en provocar pequeñas catástrofes dentro del fuego, removiendo desatinadamente las brasas. A mi alrededor, un silencio indicará muy pronto que se ha agotado todo tema de conversación y Daniel ajustará ruidosamente las barras contra las puertas. Luego nos iremos a dormir. Y pasado mañana será lo mismo, y dentro de un año, y dentro de diez; y será lo mismo hasta que la vejez me arrebate todo derecho a amar y a desear, y hasta que mi cuerpo se marchite y mi cara se aje y tenga vergüenza de mostrarme sin artificios a la luz del sol. Leer el resto de esta entrada »