Literatura

Mi vida huele a flor: Elvira Sastre

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He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.

He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.

He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.

He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído. Leer el resto de esta entrada »

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Tina Modotti: La mujer infinita (José Ignacio Valenzuela)

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Hace mucho tiempo que las excusas  no dejaban que salieran de mi teclado palabras propias. Quizás porque hace mucho que no me detenía. Y no me dejaba sorprender con lo que me llevó por primera vez a escribir en este blog sea otra vez, esta misma sensación: maravillarme por la vida y el completo anonimato de una mujer con alas, de la que no había conocido su vuelo.

Sucedió dentro de esos paneles, donde las mujeres nos acostumbramos, especialmente en verano, arrancar de raíz para sentirnos más femeninas y propias (Debo reconocer que mi feminismo topa con ese paradigma en forma constante). Ahí estaba leyendo esas revistas de papel couché, con el Chascas (José Ignacio Valenzuela) y la Leonor Varela en portada, y una entrevista acerca de la última novela que él escribió,  inspirado en una admiración (compartida entre ambos) por la vida de Tina Modotti.

¿Quién era esa mujer de la jamás había escuchado su nombre? Al parecer una fotógrafa italiana no lo suficientemente famosa par llamar mi atención antes, pero extremadamente talentosa como para se escribieran cientos de historias sobre ella. Y lo más sorprendente, fue que solo vivió 46 años. Leer el resto de esta entrada »

La noche que hicimos un poema: Estefanía Mitre

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Lo siento, Estefanía, valió la pena transcribirlo de youtube y no me aguanté,….

LA NOCHE EN QUE HICIMOS UN POEMA

Son las cinco ya,
y desde hace más de cinco minutos,
me estoy obligando a no pensarte,
Si te parece poco, recuerda que no hay un día que se salve de esta hora;
ni de las otras veinte que no quiero obligarme.
Y aunque siempre un poco tarde, te recuerdo a voluntad.
Las tres horas faltantes, hago como que duermo,
pero al cerrar los ojos, doy vueltas en la cama
y te sueño en los parques
y en los besos sin nombres.
Y también imagino que soy yo quien te toca,
-debajo del mantel-
encima de tus sábanas.
No me malinterpretes, pero belleza es que me sueñes sin saberlo.
QUE SOY AQUELLA MUJER QUE TE CRUZASTE EN LA CALLE
la de los labios de fresa, con el vestido de flores
con quien fuiste por cervezas,
y confiaste tus temores y abrazaste hasta dormir.
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Elvira Sastre: a la mierda el conformismo

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La idea de escribir de Elvira Sastre partió como una necesidad de reparar un error de un post anterior. Generalmente cuando hago alguna mini referencia o escribo algo de alguna autora, suelo añadir junto con su la imagen de ella, una foto con alguna cita que me guste. Cuando se me ocurrió googlear “frases de Clarice Lispector” me apareció la siguiente:

“He querido tanto que me he olvidado. He olvidado tanto que me he dejado de querer. Pero he muerto tantas veces que ahora sé resucitar.”

Sin revisarlo, la subí, junto a la multicolor imagen alada de la Lispector. Una lectora –Myriam- a la que aprovecho de agradecer nuevamente el comentario, me señaló que no encontraba el libro de dicha cita de la Lispector y que solo le hacía referencia a una escritora española, Elvira Sastre, de quién hasta ese día yo no había escuchado ni menos leído palabra. Me prometí a misma, que como mínimo investigaría sobre ella a modo de reparar dicho error por no corroborar la fuente de la imagen.

Así partió mi relación literaria con la Sastre. Y cada cosa que leo de ella abre mil puertas y miles de caminos hacia muchas emociones que se encontraban dormidas o inactivas, o juegan con mi empatía, la nostalgia y, por supuesto, la melancolía. Otras me son desconocidas, pero sin embargo, llaman a recorrerse pues lo que me produce esta escritora es una profunda admiración en la sutil sabiduría detrás de sus palabras, que sorprende al darse cuenta que esta segoviana tiene solo 23 años. Su corta edad se refleja cuando lees en su biografía que a los quince años en vez de tener la cabeza en novios y vestidos, abría su primer blog “Relocos y Recuerdos” que mantiene activo hasta hoy. No sé ustedes, pero a esa edad mi principal prioridad era saber si me dejarían ir a la fiesta el siguiente fin de semana y esperar al lado del teléfono fijo para ver si por telepatía lograba la tan ansiada llamada del pololo de turno. Vaya loop generacional, me haré una friega con la cedula de identidad al terminar de escribir este post. Pero eso solo confirma la magia de lo infinito en la poesía.

En sus palabras se agradece la honestidad, a tiempos brutal y gráfica, a otros adolescente y mimosa. Esa complejidad presente siempre en la verdad que solo aparece cuando l@s grandes escritor@s son capaces de liberarse de soberbia y el pudor para dejar expuestos sus sentimientos y tocarte solo con textos. Ha publicado los poemarios “Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo”, “Baluarte” y “Tú la Acuarela/Yo la Lírica”, este último en conjunto con las acuarelas de Adriana Moragues con maravillosas ilustraciones. Como sucede muchas veces, el arte es capaz de manifestarse de muchas formas en una sola persona y además de escribir, Elvira también canta y es traductora. Actualmente se encuentra preparando su primera novela, y aunque no se encuentre publicada en Latinoamérica (al menos en Chile) esperamos pronto tener noticias de ella. Por el momento, dios y el diablo cuiden de Internet que me permiten compartir parte de sus palabras.

Si quieren saber más de ella pueden visitar su página web: www.elvirasastre.net o una reciente entrevista que ruin magazine  realizó acerca de ella, http://ruinmag.in/literatura/la-poesia-del-sobrevivir-de-elvira-sastre/. Por supuesto, la encuentras en las redes sociales también.

YO NO QUIERO SER RECUERDO

A la mierda
el conformismo:

yo no quiero
ser recuerdo.
Quiero ser tu amor imposible,
tu dolor no correspondido,
tu musa más puta,
el nombre que escribas en todas las camas
que no sean la mía,
quien maldigas en tus insomnios
quien ames con esa rabia que solo da el odio. Leer el resto de esta entrada »

Fragmentos del Desierto: Guadalupe Nettel

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El desierto es un extenso ejercicio de paciencia. Quien pretende cruzarlo debe adquirir el arte de la tolerancia. Difícilmente un viaje en el desierto es ajeno a la angustia y a la desesperación de sentirse perdido. A cambio, sin embargo, se nos ofrece una inagotable exhibición de belleza.

El paciente es aquel que resiste y soporta por un tiempo indeterminado una acción exterior sobre él. Adentrarse en el desierto implica convertirse en su paciente.

De lejos la caravana es una línea negra que se mueve; de cerca, toda una aldea; un pueblo lleno de gente afanada, olor a comida, llanto de niños, intrigas, amoríos secretos. Desde allí, todas las tierras son lejanas, también la nuestra, incluso aquella por donde la caravana va pasando.

La arena es el material con el que se mide el tiempo. El desierto es el reloj de todas las eras.

Es lo minúsculo lo que nos guía en el desierto. Los conductores de las caravanas reconocen la ruta en lo pequeño: un desnivel del suelo, una piedra habitada por serpientes, los sutiles cambios en el color de la arena, una brizna de hierba, son los signos que les permiten ubicarse. El viajero que pretende orientarse calculando las dimensiones que lo separan de su destino se pierde sin remedio.

Los pasos que damos sobre la arena caliente cansan diez veces más que sobre el pavimento. Sin un destino fijo, aseguran algunos, no vale la pena moverse. Pero ¿qué puede ser «un destino fijo» en el desierto? Leer el resto de esta entrada »

Carla Guelfenbein: Contigo en la distancia

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El tiempo juega muchas veces con uno. Y cuando le prestas un poco de atención, suele sorprenderte con giros inesperados. Esto me sucedió al leer la última novela de la Guelfenbein -escritora chilena que nunca he entendido que no sea más conocida a nivel nacional. Carla posee uno de esos currículums polifacéticos que sorprende en días que todo empuja a convertirnos en “especialistas” de lo que sea. Carla es bióloga en genética poblacional, pero además diseñadora, directora de arte y editora de moda. No conforme con esto, “Contigo en la distancia” es su quinta novela.

Me he leído todas, porque siempre están centradas en personajes unidos en un escenario chileno y desde una perspectiva femenina, aunque curiosamente, muchas veces el protagonista sea un hombre. Por esto cuando vi un nuevo libro de ella no dudé en comprarlo (Debo señalar, eso sí, que me decepcionó el cliché del título, tan acostumbrada que me tenía a leer  “El revés del alma”, “El resto es silencio”; “Contigo en la distancia”, me sonaba a remake del remake del bolero). Lo dejé en mi velador a la espera de terminar “Agua Viva” de la Lispector, el cual llevaba batallando un mes, a pesar de sus escuálidas 120 páginas. Pero en la página 60, al paso de promedio de una página por hora, donde releía cada frase, me dejaba pensando otras diez, y la volvía a releer, me di cuenta que necesitaba parar para avanzar.

Fue ahí que tomé esta novela, que me leí en solo un par de días, con la permanente sensación de conocer a la protagonista, Vera Sigall. Al llegar a la última página donde la autora agradece a “Benjamín Moser por su biografía de Clarice Lispector, cuya vida está entretejida en esta novela con la de Vera Sigall y la mía“, lo comprendí. Vera era Clarice. Sus ojos, su misterio, sus dolores, el uso magnífico del orden de cada palabra, como si cada una de ellas fuera un pedazo de chocolate derritiéndose en tu boca. Un par de citas de ambas novelas:

Mi voz cae en el abismo de tu silencio. Tú me lees en silencio. Pero en ese ilimitado campo mudo abro las alas,  libre para vivir” (Clarice Lispector, Agua Viva)

Volvíamos obsesivamente sobre los escasos momentos que habíamos pasado juntos, como si cada uno de ellos fuera un ladrillo de la construcción de un pasado común que apenas teníamos. Necesitamos crear un mundo que nos perteneciera…Nuestro universo estaba hecho de palabras a destiempo. Carecía de presente, también de futuro.” (Contigo en la distancia, Carla Guelfenbein)

Esta novela no la sentí tan relacionada con el amor, ni con un thriller policial, sino el cómo los talentos públicos (en contraposición a los “privados” que son siempre hoguera para chismes) desafían las relaciones entre dos seres que se encuentran. El libro se divide en capítulos que se repiten: “Emilia”, “Daniel”, “Horacio” y como en muchas novelas, la técnica de contar las historias por separado termina uniéndose en un mágico final.  Leer el resto de esta entrada »

5 Mujeres Chilenas Pioneras y de las que seguramente no habías escuchado.

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Hace poco llegó de regalo a mis manos el libro “Mujeres Chilenas Inolvidables”, una recopilación con la reseña de vida de más de 80 mujeres chilenas que han dejado alguna huella en la breve historia escrita de nuestro territorio. Ya había escuchado de él en algún programa radial y tal como señala su prólogo “pone de relieve a mujeres del pasado y del presente, cuyas acciones, ideas y miradas han enriquecido la cultura y el diálogo en nuestro país y el mundo”.

 Y puesto que las listas están en boga, decidí hacer una personal basándome en una idea general, que hayan sido las primeras en abrir caminos en alguna área o actividad y que no sean tan reconocidas, como por ejemplo, la Mistral.

1.- Sor Úrsula Suárez (1666-1749): fue la primera mujer chilena escritora de la cual se guardan registros.  A pesar de pertenecer a una familia privilegiada, Amanda Pinto, su verdadero nombre, desarrolló a muy temprana edad una completa rebeldía hacia la institución del matrimonio y la estructura patriarcal. De esta manera, vio en el ingreso a un convento de monjas, la posibilidad de liberarse de una vida en la compañía de un hombre. Obligada por su confesor, escribió una autobiografía, práctica habitual para mantenerlas por “el buen camino”. Solía engañar a los hombres diciéndole que no era monja.

Todos mis pecados fueron engañar a los hombres por vengar a las mujeres por las que ellos han burlado, y desde antes de cambiar los dientes empecé a vengar a las mujeres con grande empeño”

2.- La Sargento Candelaria Pérez (1810-1870): Nacida en la Chimba, al norte de Santiago, tuvo un origen humilde y escasa educación formal. Trabajando como empleada doméstica con una familia holandesa, fue como llegó hasta Perú cuando estalla la guerra contra la confederación Perú-Boliviana. Candelaria Pérez se unión a las tropas como enfermera-cantinera. Sin embargo, su enorme coraje sobrepasó las tareas asignadas y luchó al lado de sus compañeros en el campo de batalla. Fui designada Sargento y Alférez, para luego ser inmortalizada por el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, como la primer mujer soldado de Chile.

3.- Eloísa Díaz Insunza (1866-1950): Corría el año 1877 cuando fue promulgado el decreto que permitía el acceso de mujeres a la educación superior en Chile. Es por esta razón cuando en 1981, Eloísa postula a estudiar medicina en la Universidad de Chile, no fue con poco revuelo. Acompañada de su madre en la sala de clases, debió soportar y superar diversos prejuicios y resistencias tanto por parte de sus compañeros como de profesores. Sin embargo, al obtener el título de la  primera mujer en Chile y Latinoamérica en Medicina y Cirugía, ya contaba con la admiración y reconocimiento de la mayoría de sus colegas. Se dedicó a la ginecología y lideró diversas organizaciones de ayuda médica como la asociación de señoras contra la tuberculosis, la Liga contra el Alcoholismo y la Liga Chilena de Higiene Social, que la llevaron a ser reconocida como “Mujer Ilustre de América”.

“Vedado estaba para la mujer chilena franquear el umbral sagrado del templo de la ciencia. La ley se oponía a ello cerrándole el paso que conducía a las aulas oficiales en las diversas gradaciones de la enseñanza secundaria y superior. Sensible como mujer por estructura, tímida por consecuencia de su sensibilidad especial, acató ella inconscientemente la prohibición injusta que se le imponía y temió traspasar la línea que le señalara como límite a su actividad social y al desarrollo de su inteligencia”. (Eloísa Díaz, discurso de su graduación, 1887). Leer el resto de esta entrada »