Literatura

María Elena Walsh: Canción de Cuna para un Gobernante

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CANCIÓN DE CUNA PARA UN GOBERNANTE

Duerme tranquilamente que viene un sable
a vigilar tu sueño de gobernante.

América te acuna como una madre
con un brazo de rabia y otro de sangre.

Duerme con aspavientos, duerme y no mandes
que ya te están velando los estudiantes.

Duerme mientras arriba lloran las aves
y el lucero trabaja para la cárcel.

Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie,
parece que no quieren que tú descanses.

Rozan con penas chicas tu sueño grande.
Cuando no piden casas, pretenden panes.

Gritan junto a tu cuna.
No te levantes aunque su grito diga: «Oíd, mortales».

Duermete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables.

Que ya te están velando los estudiantes
y los lirios del campo no tienen hambre.

Y el lucero trabaja para la cárcel.

 

María Elena Walsh, fue una importante poetisa y cantautora argentina, considerada una de las figuras destacadas de la literatura y el folklore de su país. Nació en 1930, y hasta su muerte, en 2011, fue considerada un “mito viviente, prócer cultural blasón de casi todas las infancias”. Una de sus temáticas  más reincidentes es la añoranza de la infancia y el desarraigo.

Su padre era inglés y su madre era hija de inmigrantes andaluces. María Elena se crió en una enorme casa de Ramos Mejía, Buenos Aires, rodeada de árboles, gallinas, rosales y animales de todas las especies. Un espacio donde aprendió a respetar la vida y creció en relativa libertad de la tradicional educación de clase media de la época. Tímida y rebelde, leía mucho de adolescente y publicó su primer poema a los 15 años en la revista “El Hogar”. Poco después escribió en el diario “La Nación”.  Sus primeras publicaciones, “Fideos Finos” y “Novios de antaño” estuvieron dedicadas a la reconstrucción de su infancia.

Un año antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes publicó su primer libro (en 1947), “Otoño imperdonable”, que recibió el segundo premio Municipal de Poesía y fue alabado por la crítica y por los más importantes escritores hispanoamericanos. A partir de allí su vida dio un vuelco: empezó a frecuentar círculos literarios y universitarios y escribía ensayos. Otoño imperdonable,  fue inmediatamente celebrado por Pablo Neruda y “consagrado” por Juan Ramón Jiménez con el insólito gesto de invitar a su autora a pasar una temporada en su casa de Maryland, en Estados Unidos. Sesenta años después, el libro sigue deslumbrando, ante todo, por el prodigioso manejo de los patrones musicales de la poesía tradicional y por su áspero, amargo lirismo, que González Lanuza comparó muy bien con el de Gabriela Mistral, a salvo de las blanduras de la “poesía femenina” de entonces. Leer el resto de esta entrada »

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La Mujer Rota: Simone de Beauvoir (fragmentos)

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La Mujer Rota estaba en la biblioteca de mis papás (creo que aún lo está), y un verano como por los 17, lo comencé a leer. Me pareció todo muy lejano, de vidas muy distintas a la mía y a la mujer que creía ser. 20 años después, la realidad es otra, y asombra la capacidad de la beauvoir allá por 1968, para  aprehender temáticas que aún son muy vigentes. Hoy volví revisar el libro, y quise compartir  algunos fragmentos.

En el  libro hay tres narraciones, independientes entre si y llenas de problemáticas universales, en que cuesta no encontrar más de alguna con cual sentirse identificada. Sin embargo, comparten mas de una cosa: la protagonista de las tres historias es siempre una mujer y la atmósfera de las tres historias, el telón de fondo de cada página, es la desolación, la angustia, los cuestionamientos, los auto reproches, la sensación abrumadora de que la vida paso rápido y paso por al lado.
Tres narraciones escritas magistralmente, con delicadeza y a la vez con furia: “La Edad de la Discreción”, “El Monólogo” y “La Mujer Rota”.

Una mujer que ha perdido a su hija de 17 años asesinada. Muchos años después caminando por Paris mantiene un agudo autoanálisis. Odia todo y a todos, todo le da asco, nada le parece que valga la pena. Sin embargo, es recién en este intrspección (que comparte con nosotros) cuando comienza a unir la muerte de su hija con su inconformidad con el mundo. Recién aquí comienza a darle espacio a la posibilidad de que “la inmundicia de la civilización” este unida a su desconsuelo de no poderse armar siendo mujer-madre, pero sin su hija. Sin embargo, acá no hay consuelo, no hay remedio. Es la historia de su vida, desde el día en que le quitaron a su hija hasta el día en que esta mujer muera.

Una mujer que ha perdido a su marido, luego de que este abandonara la casa junto a una mujer mas joven. Luego de años de vivir una cotidianidad aburrida, sin conversaciones, sin emociones, sin encuentros, el decide irse. Y entonces se encuentra ella, vacía en el mundo, su único interés en la vida había sido amar y su marido. ¿Que le quedaba entonces cuando ninguna de las dos cosas estaban?.

Una mujer que un día descubre que ya no es la misma, que su marido no es el mismo, que su matrimonio ya no es el mismo. Que ya no hay nada por conocer, por descubrir, que ya no existe la posibilidad de asombrase con nada del otro. Descubre con desespero que ambos dejaron que la vida, que los días, que los momentos les pasaran por el lado y simplemente se acostumbraron a todo. Y ahí, con esa certeza que la mata, surge la angustia de saber que no hay nada por hacer ya, o mas bien, que ella no es capaz de hacer nada ya.

les dejo los siguientes fragmentos del libro….

-¿Qué hacer cuando el mundo se ha descolorido? No queda más que matar el tiempo

– Ya sé. En mi juventud se me dijo tanto que estaba equivocada, y tener razón me costó tanto, que rechazo equivocarme.

– La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas otras me han sido dadas.

– Los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.

– Conozco a esas jóvenes “a la moda”. Tienen una vaga profesión, pretenden cultivarse, hacer deportes, vestirse bien, mantener impecable su departamento, educar perfectamente a sus hijos, llevar una vida mundana, en una palabra, éxito en todos los planos. Y no tienen verdadero interés por nada. Me hiela la sangre.

– ¿Qué significa amar, para él, hoy día? Leer el resto de esta entrada »

Alfonsina Storni : Besos (Poesía)

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Besos

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuántas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingénuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica, piadosa, su agonía.

Desde entonces en los besos palpitan
el amor, la traición y los dolores;
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien: son besos míos
inventados por mí, para tu boca. Leer el resto de esta entrada »

Rosa Montero: Amor Ciego (Cuento Completo)

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rosamonteroRosa Montero es escritora y periodista española. Sus relatos están cargados de humor e ironía, siempre desde una perspectiva femenina. Les recomiendo La Hija del Caníbal y la Loca de la Casa, pero hoy les dejo uno de mis cuentos favoritos, dentro de los muchos que tiene: Amor Ciego. La temática es más común de lo que se cree. La preocupación por la imagen propia, la relación con la belleza y la fealdad han constituido un leit-motiv del discurso literario realizado por mujeres específicamente. Acá se puede ver como la frialdad de lo cotidiano, se opone a la fuerza de la narración.

AMOR CIEGO

Tengo cuarenta años, soy muy fea y estoy casada con un ciego.

Supongo que algunos se reirán al leer esto; no sé por qué, pero la fealdad en la mujer suele despertar gran chirigota. A otros la frase les parecerá incluso romántica: tal vez les traiga memorias de la infancia, de cuando los cuentos nos hablaban de la hermosura oculta de las almas. Y así, los sapos se convertían en príncipes al calor de nuestros besos, la Bella se enamoraba de la Bestia, el Patito Feo guardaba en su interior un deslumbrante cisne y hasta el monstruo del doctor Frankenstein era apreciado en toda su dulce humanidad por el invidente que no se asustaba de su aspecto. La ceguera, en fin, podía ser la llave hacia la auténtica belleza: sin ver, Homero veía más que los demás mortales. Y yo, fea de solemnidad, horrorosa del todo, podría haber encontrado en mi marido ciego al hombre sustancial capaz de adorar mis virtudes profundas.

Pues bien, todo eso es pura filfa. En primer lugar, si eres tan fea como yo lo soy, fea hasta el frenesí, hasta lo admirable, hasta el punto de interrumpir las conversaciones de los bares cuando entro (tengo dos Ojitos como dos botones a ambos lados de una vasta cabezota; el pelo color rata, tan escaso que deja entrever la línea gris del cráneo; la boca sin labios, diminuta, con unos dientecillos afilados de tiburón pequeño, y la nariz aplastada, como de púgil), nadie deposita nunca en ti, eso puedo jurarlo, el deseo y la voluntad de creer que tu interior es bello. De modo que en realidad nadie te ama nunca, porque el amor es justamente eso: un espasmo de nuestra imaginación por el cual creemos reconocer en el otro al príncipe azul o la princesa rosa. Escogemos al prójimo como quien escoge una percha, y sobre ella colgamos el invento de nuestros sueños. Y da la maldita casualidad de que la gente siempre tiende a buscar perchas bonitas. Da la cochina casualidad de que a las niñas lindas, por muy necias que sean, siempre se les intuye un interior emocionante. Mientras que nadie se molesta en suponer un alma hermosa en una mujer canija y cabezota con los ojos demasiado separados. A veces esta certidumbre que acompaña mi fealdad escuece como una herida abierta: no es que no me vean, es que no me imaginan.

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La Última Niebla: María Luisa Bombal (fragmento)

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…..Hace varias horas que hemos llegado a la ciudad. Detrás de la espesa cortina de niebla, suspendida inmóvil alrededor de nosotros, la siento pesar en la atmósfera.

…..La madre de Daniel ha hecho abrir el gran comedor y encender todos los candelabros sobre la larga mesa de familia donde , en una punta, nos amontonamos, entumecidos. Pero el vino dorado, que nos sirven en copas de pesado cristal, nos entibia las venas; su calor nos va trepando por la garganta hasta las sienes.
…. Daniel, ligeramente achispado, promete restaurar en nuestra casa el oratorio abandonado. Al final de la comida hemos convenido que mi suegra vendrá con nosotros al campo.
…. Mi dolor de estos últimos días, ese dolor lancinante como una quemadura, se ha convertido en una dulce tristeza que me atrae a los labios una sonrisa cansada. Cuando me levanto, debo apoyarme en mi marido. No sé por qué me siento tan débil y no sé por que no puedo dejar de sonreír.
…. Por primera vez desde que estamos casados, Daniel me acomoda las almohadas. A medianoche me despierto, sofocada. Me agito largamente entre las sábanas, sin llegar a conciliar el sueño. Me ahogo. Respiro con la sensación de que me falta siempre un poco de aire para cada soplo. Salto del lecho, abro la ventana. Me inclino hacia afuera y es como si no cambiara de atmósfera. La neblina, esfumando los ángulos, tamizando los ruidos, ha comunicado a la ciudad la tibia intimidad de un cuarto cerrado.
…. Una idea loca se apodera de mí. Sacudo a Daniel, que entreabre los ojos.
…..-Me ahogo. Necesito caminar. ¿Me dejas salir?
…..-Haz lo que quieras -murmura, y de nuevo recuesta pesadamente la cabeza en la almohada.
…..Me visto. Tomo al pasar el sombrero de paja con que salí de la hacienda. El portón es menos pesado de lo que pensaba. Echo a andar, calle arriba.
…. La tristeza reafluye a la superficie de mi ser con toda violencia que acumulara durante el sueño. Ando, cruzo avenidas y pienso:
…. -Mañana volveremos al campo. Pasado mañana iré a oír misa al pueblo, con mi suegra. Luego, durante el almuerzo, Daniel nos hablará de los trabajos de la hacienda. En seguida visitaré el invernáculo, la pajarera, el huerto. Antes de cenar, dormitaré junto a la chimenea o leeré los periodicos locales. Después de comer me divertiré en provocar pequeñas catástrofes dentro del fuego, removiendo desatinadamente las brasas. A mi alrededor, un silencio indicará muy pronto que se ha agotado todo tema de conversación y Daniel ajustará ruidosamente las barras contra las puertas. Luego nos iremos a dormir. Y pasado mañana será lo mismo, y dentro de un año, y dentro de diez; y será lo mismo hasta que la vejez me arrebate todo derecho a amar y a desear, y hasta que mi cuerpo se marchite y mi cara se aje y tenga vergüenza de mostrarme sin artificios a la luz del sol. Leer el resto de esta entrada »

Simone de Beauvoir: la paradoja del Feminismo absoluto

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La figura de Simone de Beauvoir está estrechamente ligada a la historia del feminismo del siglo XX. Pero Simone de Beauvoir no fue solamente una de las feministas más importantes de nuestros tiempo. Escritora, filósofa, defensora de los derechos humanos, fue una mujer comprometida con sus propios ideales por los que luchó toda su vida a pesar de las críticas que recibió de algunos sectores de la sociedad. Su brillante pensamiento y su facilidad por exponer sus ideas la convirtieron en una escritora prolífica, publicando numerosas novelas, textos autobiográficos y ensayos en los que plasmó sus creencias y que se han convertidos en clásicos de la literatura y el pensamiento modernos.

Se ha dicho también que se adelantó unos 20 años a la revolución sexual. Bajo sus dichos: «Si somos iguales, seremos más libres», se convirtió en un  mito del feminismo, abanderada del existencialismo europeo más puro, defensora de la mujer como identidad propia, desligándose de un sistema que, en la época en la que le tocó vivir, oprimía y relegaba al «segundo sexo» a la condición de esposa, madre, hija. Siempre un papel secundario, privado de libertades, ahogado y sin voz. Beauvoir se alzó como símbolo de la igualdad, respaldando sus teorías más sólidas, que sostenían que «la mujer no nace, se hace», con un estilo de vida independiente, coherente con su manera de ver el mundo. Se convirtió junto con Jean Paul Sartre, su gran compañero en la vida, en un icono de transparencia en la pareja. Todo esto mucho antes que se organizaran protestas sostenes en mano.

Trataré de recoger los hechos más importantes de su vida, compleja tarea  cuando se trata de una mujer tan extraordinaria. Sigo creyendo, de igual manera, que la mejor forma de conocerla es a través de sus escritos.

Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París en el seno de una familia burguesa con una moral cristiana muy estricta. Simone y su hermana pequeña Poupette, con la que mantuvo siempre una estrecha relación, fueron educadas en colegios católicos  bajo la rígida disciplina de una madre profundamente religiosa. Ya siendo una adolescente, Simone se rebelaría contra la fe familiar declarándose atea y viendo en la religión una forma de subyugar al ser humano. De su padre, un abogado que dejó atrás su sueño de ser actor de teatro, heredó el amor por la literatura.
Simone se fue a vivir con su abuela y empezó sus estudios de filosofía en la universidad de la Sorbona. Se graduó en 1929, mismo añoen que conoció a Jean Paul Sartre, con el que iniciaría una relación totalmente distinta a los cánones establecidos.  Jean Paul y Simone, quien nunca se planteó la posibilidad de contraer matrimonio, establecieron una relación de pareja basada en el respeto y la libertad de cada uno como individuo. Una relación que duró hasta la muerte del filósofo en 1980, y que si bien no tuvo nada de perfecta ni convencional, no careció de compromiso emocional y es uno de los amores más notables que recuerda la historiadel siglo XX.

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Virginia Woolf : The Waves ( fragmento poema en prosa)

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Las Olas (Traducción  por Lenka Franulic)

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil
pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que
una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la
inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a
otra persiguiéndose en un ritmo sin fin.
Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando
sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente,
suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la
franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una
vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido,
cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del
horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el
cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire
pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras
amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se
fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo
transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo
gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras
desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se
alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde
del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. Leer el resto de esta entrada »