Simone de Beauvoir

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La figura de Simone de Beauvoir está estrechamente ligada a la historia del feminismo del siglo XX. Pero Simone de Beauvoir no fue solamente una de las feministas más importantes de nuestros tiempo. Escritora, filósofa, defensora de los derechos humanos, fue una mujer comprometida con sus propios ideales por los que luchó toda su vida a pesar de las críticas que recibió de algunos sectores de la sociedad. Su brillante pensamiento y su facilidad por exponer sus ideas la convirtieron en una escritora prolífica, publicando numerosas novelas, textos autobiográficos y ensayos en los que plasmó sus creencias y que se han convertidos en clásicos de la literatura y el pensamiento modernos.

Se ha dicho también que se adelantó unos 20 años a la revolución sexual. Bajo sus dichos: «Si somos iguales, seremos más libres», se convirtió en un  mito del feminismo, abanderada del existencialismo europeo más puro, defensora de la mujer como identidad propia, desligándose de un sistema que, en la época en la que le tocó vivir, oprimía y relegaba al «segundo sexo» a la condición de esposa, madre, hija. Siempre un papel secundario, privado de libertades, ahogado y sin voz. Beauvoir se alzó como símbolo de la igualdad, respaldando sus teorías más sólidas, que sostenían que «la mujer no nace, se hace», con un estilo de vida independiente, coherente con su manera de ver el mundo. Se convirtió junto con Jean Paul Sartre, su gran compañero en la vida, en un icono de transparencia en la pareja. Todo esto mucho antes que se organizaran protestas sostenes en mano.

Trataré de recoger los hechos más importantes de su vida, compleja tarea  cuando se trata de una mujer tan extraordinaria. Sigo creyendo, de igual manera, que la mejor forma de conocerla es a través de sus novelas.

Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París en el seno de una familia burguesa con una moral cristiana muy estricta. Simone y su hermana pequeña Poupette, con la que mantuvo siempre una estrecha relación, fueron educadas en colegios católicos  bajo la rígida disciplina de una madre profundamente religiosa. Ya siendo una adolescente, Simone se rebelaría contra la fe familiar declarándose atea y viendo en la religión una forma de subyugar al ser humano. De su padre, un abogado que dejó atrás su sueño de ser actor de teatro, heredó el amor por la literatura.
Simone se fue a vivir con su abuela y empezó sus estudios de filosofía en la universidad de la Sorbona. Se graduó en 1929, mismo añoen que conoció a Jean Paul Sartre, con el que iniciaría una relación totalmente distinta a los cánones establecidos.  Jean Paul y Simone, quien nunca se planteó la posibilidad de contraer matrimonio, establecieron una relación de pareja basada en el respeto y la libertad de cada uno como individuo. Una relación que duró hasta la muerte del filósofo en 1980, y que si bien no tuvo nada de perfecta ni convencional, no careció de compromiso emocional y es uno de los amores más notables que recuerda la historiadel siglo XX.

Simone de Beauvoir se ganó la vida como profesora, profesión que ejerció hasta 1943 cuando tuvo que abandonar el centro educativo en el que impartía clases por la denuncia de una madre que se quejó de las ideas que había transmitido a su hija. Desde entonces, y hasta el final de sus días, Simone de Beauvoir dedicaría su vida a escribir su credo en distintos registros literarios.
En 1943 escribía en el París ocupado La invitada, su primera novela. En sus páginas reflejó una relación de tres que ella misma había experimentado con Jean Paul. Sus ideas existencialistas sobre la responsabilidad personal y sus reflexiones sobre la libertad del individuo aparecieron también en sus siguientes novelas, La sangre de los otros (1944) y Los Mandarines (1954), por la que recibió el Premio Goncourt.
Participó intensamente en los debates ideológicos de la época, atacó con dureza a la derecha francesa, y asumió el papel de intelectual comprometida. En sus textos literarios revisó los conceptos de “historia” y “personaje” e incorporó, desde la óptica existencialista, los temas de “libertad”, “situación” y “compromiso”.
Fue fundadora junto a Sartre, A. Camus, y M. Merleau-Ponty, entre otros, de la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número salió a la calle el 15 de octubre de 1945 y se transformó en un referente político y cultural del pensamiento francés de mitad del siglo XX.
En 1949, la publicación de El segundo sexo, marcó el inicio de su andadura en el mundo del feminismo. Un inicio controvertido pues su obra fue considerada escandalosa e incluso pornográfica por algunos movimientos católicos Dicho libro, significó un punto de partida teórico para distintos grupos feministas, y se convirtió en una obra clásica del pensamiento contemporáneo. En él elaboró una historia sobre la condición social de la mujer y analizó las distintas características de la opresión masculina. Afirmó que al ser excluida de los procesos de producción y confinada al hogar y a las funciones reproductivas, la mujer perdía todos los vínculos sociales y con ellos la posibilidad de ser libre. Analizó la situación de género desde la visión de la biología, el psicoanálisis y el marxismo. Destruyó los mitos femeninos, e incitó a buscar una auténtica liberación. Sostuvo que la lucha para la emancipación de la mujer era distinta y paralela a la lucha de clases, y que el principal problema que debía afrontar el “sexo débil” no era ideológico sino económico. A pesar de ver la maternidad como una manera de frenar la libertad de las mujeres, Simone llegó a adoptar a una niña, Sylvie Le Bon de Beauvoir. Una de sus tantas contradicciones, que al final solo la hacen más humana, y la acercan a las mismas paradojas que debemos enfrentar las mujeres hoy pasado hace rato el milenio.
Con algunas de aquellas feministas fundó la Liga de los Derechos de la Mujer para que sus ideas pudieran convertirse algún día en hechos. Desde ahí se propuso reaccionar con firmeza ante cualquier discriminación sexista, y preparó un número especial de Tiempos Modernos destinado a la discusión del tema.
Una de las facetas de su vida más polémica, era su relación abierta con Jean Paul Sartre.  Su relación fue el paradigma de libertad y modelo de ruptura con las formas de vida burguesas tradicionales. Se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, se negaron a contraer matrimonio y tener hijos, y es conocida la liberalidad con la que ambos aceptaban que el otro miembro de la pareja mantuviera relaciones con terceras personas.
Simone mantenía relaciones con hombres y mujeres. Sartre sólo con mujeres, y los dos, por ser profesores de instituto, se involucraban con jóvenes..Sartre, por su parte, mantenía a muchas mujeres y hasta distribuía de manera perfecta el tiempo que pasaba con cada una. Por supuesto, ninguna sabía de la existencia de las demás, sólo su “Castor” (así le decía de cariño a Simone, por la semejanza de su apellido, Beauvoir, con la palabra beaver, castor en inglés).

En realidad, Sartre tenía un código: “viajes, poligamia, transparencia”. En su obra Carnéts, el filósofo francés explica que le dijo a Simone que “existían dos tipos de sexualidad: el amor necesario y los amores contingentes. Y Castor aceptó”. Simone era su amor necesario, las demás – Michelle, Arlette, Evelyne y Wanda-, eran los contingentes.

No obstante el acuerdo que los dos tenían (el de poder tener relaciones con las parejas que quisieran), nada fue tan fácil.

En La ceremonia de los adioses, Simone de Beauvoir describe los últimos años con Sartre, ese hombre con los ojos casi muertos, con una adicción terrible al alcohol, a las drogas y a las mujeres.

Aunque esta pareja fue el símbolo del “amor libre” y la liberación sexual en los años sesenta y setenta, se dice que  Simone de Beauvoir sí se sintió traicionada por Sartre, y más cuando éste “adoptó” a Arlette y la convirtió en la heredera universal de sus derechos literarios. Pero eso permanecerá como uno misterio para la historia. Sin embargo, podemos quedarnos con una de sus frases más célebres para resumir su vida: “Las personas felices no tienen historia”.

Simone de Beauvoir falleció en París el 14 de abril de 1986. Sus restos descansan junto a Jean Paul Sartre en el cementerio parisino de Montparnasse.

 

 

 

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