Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou es  la poetisa uruguay más célebre, y llegó a ser considerada una de las mejores de América. Nació en la ciudad de Melo, departamento de Cerro Largo, el 8 de marzo de 1892.  Vivió en su ciudad natal hasta los 18 años, y fue allí donde comenzó a escribir. En su libro Chico Carlo refleja sus vivencias de la niñez. Actualmente, su casa del Departamento de Cerro Largo funciona como museo.

Su nombre real era Juana Fernández Morales, pero a los veinte años se casó con el capitán Lucas de Ibarbourou y adoptó su apellido como seudónimo. Es conocida también como Juana de América por la popularidad alcanzada en el continente. Su padre era oriundo de Lourenzá (Lugo), España, ciudad donde la Biblioteca Municipal lleva actualmente su nombre.

La carrera de Juana de Ibarbourou tuvo mucho vértigo desde el comienzo. Tres años después de casarse,  se trasladó a Montevideo, donde vivió desde entonces. La adaptación al ruido y al estilo de vida acelerado de la capital uruguaya fue una transición muy penosa. Con el paso del tiempo llegó a enamorarse de la ciudad.  Sus primeros poemas aparecieron en periódicos, principalmente en La Razón, de la capital uruguaya. Comenzó su larga travesía lírica con los poemarios Lenguas de diamante (1919), El cántaro fresco (1920) y Raíz salvaje (1922), todos ellos muy marcados por el modernismo, que expresó con abundancia de imágenes sensoriales y cromáticas, alusiones bíblicas y míticas, aunque siempre con un acento singular.

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Su temática tiende a la exaltación sentimental de la entrega amorosa, de la maternidad, de la belleza física y de la naturaleza. Imprimió a sus poemas un erotismo que constituye una de las vertientes capitales de su producción. En 1929 fue proclamada “Juana de América” en el Palacio Legislativo del Uruguay, ceremonia que presidió el poeta “oficial” uruguayo, J. Zorrilla de San Martín, y que contó con la participación del ensayista mexicano Alfonso Reyes.

Poco a poco su poesía se fue despojando del ropaje modernista para ganar en efusión y sinceridad. En La rosa de los vientos (1930) se adentró en el vanguardismo, rozando incluso las imágenes surrealistas. Con Estampas de la Biblia, Loores de Nuestra Señora e Invocación a san Isidro, todos de 1934, iniciará en cambio un camino hacia la poesía mística.

En la década de 1950 se publicaron sus libros Perdida (1950), Azor (1953) y Romance del destino (1955). En esta misma época, en Madrid, salieron a la luz sus Obras completas (1953), donde se incluyeron dos libros inéditos: Dualismo y Mensaje del escriba.

Ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Escritores en 1950. Cinco años más tarde su obra fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, y en 1959 se le concedió el Gran Premio Nacional de Literatura, otorgado ese año por primera vez. Su obra en prosa estuvo enfocada fundamentalmente hacia el público infantil; en ella destacan Epistolario (1927) y Chico Carlo (1944).

Pero no fue solo su obra literaria la causa de su fama. Juana de Ibarbourou poseía una belleza cautivadora y fue deseada por muchos hombres. En la época era objeto de envidias y todos pensaban que con su belleza, la fortuna de su esposo, su fama como escritora y una familia constituida, la felicidad de la poetisa estaba garantizada.

Cualquiera podía pensar que había llegado a su plenitud y conocido la felicidad. Pero sin embargo, su vida resultó ser un calvario. Luego se supo que fue víctima de la violencia de su marido y de su hijo.

Su marido gastaba su dinero en lujos, que para Juana no tenían sentido. Comenzó a construir una mansión en Pocitos. Vivían en ambientes con grandes dimensiones, decorados con lo último en estilos de la época, materiales de primera calidad y revestimientos en cedro. En esa casa no existía rincón que no resultara ostentoso.

Juana de Ibarbourou, sumida en la tristeza, comenzó a inyectarse pequeñas dosis de morfina. En esa época la morfina se compraba sin ningún tipo de restricción, la empleada de la casa se encargaba de comprarla en la farmacia. Todo el reconocimiento como escritora lo obtuvo antes de sus 30 años. El resto de su vida lo pasó encerrada en su casa, observando el mundo a través de la ventana.

Finalmente la familia se enteró de la adicción de Juana. Tras consumir una dosis alta de morfina, se desmayó y casi sin pulso fue hospitalizada.

Murió en Montevideo el 15 de Julio de 1979.

 


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