Julieta Lanteri

julieta 2Julieta R.B. tiene 4 años hoy y es mi sobrina-ahijada. Por conclusión, soy su Ale mairina.

Para esta Navidad recibió un camión de Paw patroll de sus papás (o como se escriba, ella esperaba el barco), unas piezas parecidas a los legos, pero que se construyen con imanes (Imax) de sus nonnos, y libros de Oliver Jeffers de nosotr@s. Puros objetos que ella le pidió al viejo pascuero, como le decimos en Chile.

Mi ahijada, no pidió nada de lo que pedía yo a mis 4 años: la última barbie (que era casi imposible tenerla) o un juego de tacitas/casa o algo relacionado a princesas. Ella se quedó construyendo con mi hijo de 10 (que envidiaba secretamente su regalo) hasta la 1 am, puentes, girasoles, varillas mágicas y castillos, para que pase su camión pase entre medio. Es evidente que hemos avanzado y seguimos haciéndolo. Esto no quiere decir que una niña no pueda pedir una muñeca o que ver una película de princesas, tiene que ver con la libertad de elegir. En su libertad de opinión, su libertad de juego, sus sueños (quiere ser futbolista, chef, policía y bombero) tiene su mundo abierto. Mi sobrina Juli (la única mujer más cercana hasta el momento de mi siguiente generación) representa ese futuro, que -sin que aún lo sepa- tuvo en parte, una tocaya argentina, que lo pavimentó.

Julieta Lanteri fue la primera mujer en votar en 1911 en Argentina (nació en Italia en 1873). Las condiciones para votar eran:

– Eres ciudadano mayor de edad?… si
– ¿Sabes leer y escribir?… si
– ¿Habías pagado impuestos comunales por al menos 100 pesos o ejercías una profesión liberal?… si
– ¿Tienes domicilio legal en Buenos Aires?… también.

Entonces, porqué no votar. Julieta lo hizo, se atrevió, nada se lo impedía, era médica (doctorada en medicina y cirugía). Pagaba impuestos y era mayor de edad. Las trampas llegaron y su hazaña le impidió votar el 1919 (exigirían enrolamiento militar). Lograron borrarla de la memoria colectiva de más del 50 % de la población que hoy sí está representada (al menos en voto). Recién el voto femenino fue reconocido el 47 en Argentina. Ella no alcanzó. Pero pudo sembrar. Pudo tener voz para decidir quiénes la gobiernan. Inspiró a otras que fueron más allá y lo lograron.

En 1924 Matilde Hidalgo, ecuatoriana, fue la primera latinoamericana en votar de manera aprobada bajo unanimidad por el congreso que “las mujeres ecuatorianas gozaban de derecho para elegir y ser elegidas”. En 1941, fue la primera en ser candidata y electa. Lo que convierte a Ecuador en un país vanguardista en términos de sufragio femenino en nuestro continente latino, luego de los anglosajones EE. UU. y Canadá.

En 1919, Julieta fue candidata a diputada. Su slogan era “En el Parlamento una banca me espera, llevadme a ella”. Consiguió 1730 votos, obviamente todos masculinos, entre ellos el del escritor Manuel Gálvez que “como no quería votar por los conservadores ni por los radicales” –según su propia confesión– prefirió apoyar a “la intrépida doctora Lanteri”. (Cita de https://www.pagina12.com.ar/115400-julieta-lanteri-la-heroina).

Su lucha sufragista partió antes, por otra causa: cuando le dijeron que en su condición de casada no podía optar por seguir estudiando la especialidad de psiquiatría sin la aprobación de su marido (se casó a los 36, con un hombre 14 años menor). Qué ganas de saber qué la movió a tomar esa decisión… ¿pasión, conveniencia, estrategia, aceptación, amor? Como quedó hundida en la historia, quizás nunca lo sabremos. La batalla legal por hacerse siquiatra duró casi un año, y creo que en ese 1919 cuando lo logró, algo se prendió que la llevó a estudiar, involucrarse y entender que los derechos que ella había ganado no deberían ser un privilegio, sino un derecho humano de todas las mujeres. Eso la llevó a crear el Partido Nacional Feminista el mismo año y se presentó como candidata a diputada.

Murió atropellada un 23 de febrero de 1932, con 59 años reclamando su derecho a tener una libreta de enrolamiento. Varios hablan y se ha estudiado acerca de un crimen político. No es difícil pensar que se le haya visto como una amenaza a lo establecido. Su legado ha estado silenciado. Hasta hoy. No soy la única que habla de ella, solo trato de traspasar su historia al otro lado de la montaña.

Qué sería de nosotras sin este legado de mujeres valientes a las que juzgaron, estereotiparon, burlaron. Hoy much@s hacen lo mismo con la nueva ola feminista. Lo que no han considerado es la cantidad de años que han pasado y los logros, sin necesidad de guerras o víctimas (más que nosotras mismas) siguen revolucionando el mundo que vivimos.

Hoy quienes adherimos al algunos de los tantos movimientos feministas, y por ende, declaramos serlo (aunque debo reconocer que un proceso de des-aprender mucho y nunca me sentiré completamente congruente), somos muchas veces objetos de burla entre amig@s, de argumentos falsos, de esterotipos, pero sobre todo: de ignorancia.

“Ni machismo ni feminismo” cada vez que escucho esa frase, trato de respirar y entender que mi interlocutor nunca ha leído nada del tema, excepto opiniones, frases sueltas enmarcadas tipo meme y artículos de redes sociales de dudoso origen editorial, pero que siempre apoyan su sistema de creencias.

“Es que yo nunca me he sentido discriminada por ser mujer”. Amiga, es tu experiencia personal y el fruto de la lucha de muchas antes. Si crees que solo que tu ves o vives es lo verdadero te invito a leer a Platón y su mito sobre la caverna… para que reflexiones acerca de eso.

Que se den una oportunidad los escépticos: lean cifras en “La revolución de las mujeres no era solo la píldora” de Luciana Parker o algo de historia en “Feminismo para principiantes” de Nuria Varela, tal vez consejos en cualquiera de las lecturas de Chimamanda Noozi (muy cortas y fáciles de leer). Después de eso conversemos. Pero es muy difícil dialogar cuando alguien solo basa sus argumentos en creencias heredadas, experiencias propias y no estudio. Seamos serios. Creo que las mujeres, la mitad de la mitad de la población de este planeta, merecemos al menos eso.