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Paz Errázuriz : Fotógrafa Chilena

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Hay profesiones de las que se conocen pocas representantes femeninas chilenas. Este es el caso de Paz, que cuenta con una gran trayectoria y curriculum. A pesar de vivir y trabajar en Chile, para los que no pertenecemos al circuito, nos es casi una desconocida.

Nació en Santiago de Chile. Luego de estudiar Educación en Cambridge Institute of Education, Inglaterra en 1966, y Educación en la Universidad Católica de Chile, en 1972, empezó su formación como fotógrafa autodidacta la que perfeccionó en International Center of Photography de Nueva York en 1993.

Inició su actividad profesional y artística en la década de los ochenta. Dado su interés por explorar diversas temas del entramado social, sus fotografías en blanco y negro han abordado principalmente el género del documento social, experimentando a su vez en video arte con su video El Sacrificio.

Ha publicado libros como El Infarto del Alma junto a Diamela Eltit, La Manzana de Adán junto a Claudia Donoso, Kawesqar: Hijos de la Mujer Sol, Amalia -libro para niños- y  una antología de su obra Paz Errázuriz, fotografía 1982-2002.
Su trabajo ha sido expuesto  en Chile e internacionalmente destacando su exposición Réplicas y Sombras en la sala de Fundación Telefónica en Santiago 2004.

Cofundadora de la Asociación de fotógrafos Independientes (AFI) y colaboradora de l revista Apsi y de diversas agencias de prensa, ha recibido las becas Guggenheim (1986), Fundación Andes (1990), Fulbright (1992) y Fondart (1994 y 2009). Ha recibido el premio Ansel Adams, otorgado por el instituto Chileno Norteamericano de Cultura, en 1995, el Premio a la Trayectoria Artística del Círculo de Críticos de Arte de Chile en 2005 y el premio Altazor en 2005.

“La flotante ambiguedad del quizás, del tal vez, que opera en las fotos de Paz Errázuriz como inductor de sospechas en torno a qué es lo realmente extraño en ellas, nos lleva a desconfiar de los índices sociales que catalogan normalidad y anormalidad. Después de mirar una de sus fotografías, proyectamos la sombra de una misma desconfianza hacia toda catalogación presuntamente asegurada. Las identidades retratadas por Paz-identidades que van desde lo común (lo ordinario, lo cotidiano) hasta lo des-comunal (lo monstruoso, lo insólito, lo extremo)- caen bajo el mismo examen de luz, son inexorablemente sometidas a la misma nitidez que llama a precisión de rasgos y carácteres.” (Nelly Richard)

Para sus fotografías tienen algo de abandono, y la ausencia de color , solo acrecientan esta sensación, donde la luz pareciera ser la única que da vida a estos personajes al otro lado del lente.

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La Última Niebla: María Luisa Bombal (fragmento)

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…..Hace varias horas que hemos llegado a la ciudad. Detrás de la espesa cortina de niebla, suspendida inmóvil alrededor de nosotros, la siento pesar en la atmósfera.

…..La madre de Daniel ha hecho abrir el gran comedor y encender todos los candelabros sobre la larga mesa de familia donde , en una punta, nos amontonamos, entumecidos. Pero el vino dorado, que nos sirven en copas de pesado cristal, nos entibia las venas; su calor nos va trepando por la garganta hasta las sienes.
…. Daniel, ligeramente achispado, promete restaurar en nuestra casa el oratorio abandonado. Al final de la comida hemos convenido que mi suegra vendrá con nosotros al campo.
…. Mi dolor de estos últimos días, ese dolor lancinante como una quemadura, se ha convertido en una dulce tristeza que me atrae a los labios una sonrisa cansada. Cuando me levanto, debo apoyarme en mi marido. No sé por qué me siento tan débil y no sé por que no puedo dejar de sonreír.
…. Por primera vez desde que estamos casados, Daniel me acomoda las almohadas. A medianoche me despierto, sofocada. Me agito largamente entre las sábanas, sin llegar a conciliar el sueño. Me ahogo. Respiro con la sensación de que me falta siempre un poco de aire para cada soplo. Salto del lecho, abro la ventana. Me inclino hacia afuera y es como si no cambiara de atmósfera. La neblina, esfumando los ángulos, tamizando los ruidos, ha comunicado a la ciudad la tibia intimidad de un cuarto cerrado.
…. Una idea loca se apodera de mí. Sacudo a Daniel, que entreabre los ojos.
…..-Me ahogo. Necesito caminar. ¿Me dejas salir?
…..-Haz lo que quieras -murmura, y de nuevo recuesta pesadamente la cabeza en la almohada.
…..Me visto. Tomo al pasar el sombrero de paja con que salí de la hacienda. El portón es menos pesado de lo que pensaba. Echo a andar, calle arriba.
…. La tristeza reafluye a la superficie de mi ser con toda violencia que acumulara durante el sueño. Ando, cruzo avenidas y pienso:
…. -Mañana volveremos al campo. Pasado mañana iré a oír misa al pueblo, con mi suegra. Luego, durante el almuerzo, Daniel nos hablará de los trabajos de la hacienda. En seguida visitaré el invernáculo, la pajarera, el huerto. Antes de cenar, dormitaré junto a la chimenea o leeré los periodicos locales. Después de comer me divertiré en provocar pequeñas catástrofes dentro del fuego, removiendo desatinadamente las brasas. A mi alrededor, un silencio indicará muy pronto que se ha agotado todo tema de conversación y Daniel ajustará ruidosamente las barras contra las puertas. Luego nos iremos a dormir. Y pasado mañana será lo mismo, y dentro de un año, y dentro de diez; y será lo mismo hasta que la vejez me arrebate todo derecho a amar y a desear, y hasta que mi cuerpo se marchite y mi cara se aje y tenga vergüenza de mostrarme sin artificios a la luz del sol. Leer el resto de esta entrada »