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María Luisa Bombal: El Árbol (cuento completo)

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maria luisa

María Luisa Bombal siempre me ha aparecido de otra época y galaxia. Adelantada al menos 100 años. Pensemos que ni siquiera tuvo derecho a voto. En cada texto de ella se lee un  progresismo inexistente en el Chile de esa época. Habla de feminismo, depresión, soledad y rebeldía que me es incapaz de relacionar con mis abuelas que fueron sus contemporáneas.

Más sorpresa aún me causó saber que es viñamarina y estudió en las monjas francesas. Pero claro, después su padre murió y vivió un par de años en Francia. Eso le abre la mente a cualquiera que esté dispuest@. María Luisa se relacionó con un joven Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Federico García Lorca. Es como la Frida Kalho chilena.  Y sabemos tan poco de ella. ¿Había tanto talento que era imposible dejarla de notar? Nunca obtuvo -siquiera- el premio Nacional de Literatura.

Lo que más me duele de su historia es saber que murió el 80. Que yo estaba viva, con 4 años, y que su legado y lectura deberían ser naturales para mi Sin embargo, nunca la leí en el colegio. No estaba en la malla curricular, ni en mi memoria. Hasta hoy (o hace algunos años) cuando la descubrí. La amortajada es un libro que debería ser parte del plan lector. Su nombre y recuerdo debería estar construido en monumentos, premios y cultura general.  Pero ¿quién se ha leído La niebla? ¿Qué hizo María Luisa Bombal para casi transformarse en invisible?

¿De dónde esto vienes entonces? El gomero es demasiado literal en su lectura para mi. Seguro, ella inventó el concepto.

En  “El árbol” (1939) la naturaleza se convierte en el refugio de una protagonista que experimenta la represión bajo las reglas del patriarcado, y este refugio lo encuentra en el cuarto de vestir, “in the freshness of the dressing chamber, poetically presented in cool and aquatic imagery” (Bente, 110) y en el gomero. La docilidad y pasividad de Brígida, protagonista del cuento, transparentan las relaciones de género en una época histórica en la que la mujer se sentía marginada en todos los órdenes de su vida, tanto pública como privada. En el contexto histórico del Chile de los años 30, donde se desarrolla la trama del cuento, se puede observar que la conciencia de Brígida sufre las limitaciones que le impone el patriarcado desde fuera; y la autorrepresión que siente se convierte en una opresión internalizada2. Es en el momento en que la alienación de los mundos exterior e interior coinciden cuando Brígida toma la firme decisión de abandonar a su esposo, y así se libera de su condición sofocante de mujer marginada.

Como e imposible que lo expresara mejor copié estas palabras de Paola Bianco

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-68482002002700007

Este texto fue escrito el año 1939. Mi mamá nació el 52. Mi abuela más joven el 23. En qué estaba María Luisa Bombal que la hizo tan lúcida como para expesarlo?, porque está claro que muchas mujeres lo vivían en la práctica.

El árbol
[Cuento – Texto completo.]

El pianista se sienta, tose por prejuicio y se concentra un instante. Las luces en racimo que alumbran la sala declinan lentamente hasta detenerse en un resplandor mortecino de brasa, al tiempo que una frase musical comienza a subir en el silencio, a desenvolverse, clara, estrecha y juiciosamente caprichosa.

“Mozart, tal vez” —piensa Brígida. Como de costumbre se ha olvidado de pedir el programa. “Mozart, tal vez, o Scarlatti…” ¡Sabía tan poca música! Y no era porque no tuviese oído ni afición. De niña fue ella quien reclamó lecciones de piano; nadie necesitó imponérselas, como a sus hermanas. Sus hermanas, sin embargo, tocaban ahora correctamente y descifraban a primera vista, en tanto que ella… Ella había abandonado los estudios al año de iniciarlos. La razón de su inconsecuencia era tan sencilla como vergonzosa: jamás había conseguido aprender la llave de Fa, jamás. “No comprendo, no me alcanza la memoria más que para la llave de Sol”. ¡La indignación de su padre! “¡A cualquiera le doy esta carga de un infeliz viudo con varias hijas que educar! ¡Pobre Carmen! Seguramente habría sufrido por Brígida. Es retardada esta criatura”. Leer el resto de esta entrada »

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Fragmentos del Desierto: Guadalupe Nettel

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El desierto es un extenso ejercicio de paciencia. Quien pretende cruzarlo debe adquirir el arte de la tolerancia. Difícilmente un viaje en el desierto es ajeno a la angustia y a la desesperación de sentirse perdido. A cambio, sin embargo, se nos ofrece una inagotable exhibición de belleza.

El paciente es aquel que resiste y soporta por un tiempo indeterminado una acción exterior sobre él. Adentrarse en el desierto implica convertirse en su paciente.

De lejos la caravana es una línea negra que se mueve; de cerca, toda una aldea; un pueblo lleno de gente afanada, olor a comida, llanto de niños, intrigas, amoríos secretos. Desde allí, todas las tierras son lejanas, también la nuestra, incluso aquella por donde la caravana va pasando.

La arena es el material con el que se mide el tiempo. El desierto es el reloj de todas las eras.

Es lo minúsculo lo que nos guía en el desierto. Los conductores de las caravanas reconocen la ruta en lo pequeño: un desnivel del suelo, una piedra habitada por serpientes, los sutiles cambios en el color de la arena, una brizna de hierba, son los signos que les permiten ubicarse. El viajero que pretende orientarse calculando las dimensiones que lo separan de su destino se pierde sin remedio.

Los pasos que damos sobre la arena caliente cansan diez veces más que sobre el pavimento. Sin un destino fijo, aseguran algunos, no vale la pena moverse. Pero ¿qué puede ser «un destino fijo» en el desierto? Leer el resto de esta entrada »

Rosa Montero: Amor Ciego (Cuento Completo)

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rosamonteroRosa Montero es escritora y periodista española. Sus relatos están cargados de humor e ironía, siempre desde una perspectiva femenina. Les recomiendo La Hija del Caníbal y la Loca de la Casa, pero hoy les dejo uno de mis cuentos favoritos, dentro de los muchos que tiene: Amor Ciego. La temática es más común de lo que se cree. La preocupación por la imagen propia, la relación con la belleza y la fealdad han constituido un leit-motiv del discurso literario realizado por mujeres específicamente. Acá se puede ver como la frialdad de lo cotidiano, se opone a la fuerza de la narración.

AMOR CIEGO

Tengo cuarenta años, soy muy fea y estoy casada con un ciego.

Supongo que algunos se reirán al leer esto; no sé por qué, pero la fealdad en la mujer suele despertar gran chirigota. A otros la frase les parecerá incluso romántica: tal vez les traiga memorias de la infancia, de cuando los cuentos nos hablaban de la hermosura oculta de las almas. Y así, los sapos se convertían en príncipes al calor de nuestros besos, la Bella se enamoraba de la Bestia, el Patito Feo guardaba en su interior un deslumbrante cisne y hasta el monstruo del doctor Frankenstein era apreciado en toda su dulce humanidad por el invidente que no se asustaba de su aspecto. La ceguera, en fin, podía ser la llave hacia la auténtica belleza: sin ver, Homero veía más que los demás mortales. Y yo, fea de solemnidad, horrorosa del todo, podría haber encontrado en mi marido ciego al hombre sustancial capaz de adorar mis virtudes profundas.

Pues bien, todo eso es pura filfa. En primer lugar, si eres tan fea como yo lo soy, fea hasta el frenesí, hasta lo admirable, hasta el punto de interrumpir las conversaciones de los bares cuando entro (tengo dos Ojitos como dos botones a ambos lados de una vasta cabezota; el pelo color rata, tan escaso que deja entrever la línea gris del cráneo; la boca sin labios, diminuta, con unos dientecillos afilados de tiburón pequeño, y la nariz aplastada, como de púgil), nadie deposita nunca en ti, eso puedo jurarlo, el deseo y la voluntad de creer que tu interior es bello. De modo que en realidad nadie te ama nunca, porque el amor es justamente eso: un espasmo de nuestra imaginación por el cual creemos reconocer en el otro al príncipe azul o la princesa rosa. Escogemos al prójimo como quien escoge una percha, y sobre ella colgamos el invento de nuestros sueños. Y da la maldita casualidad de que la gente siempre tiende a buscar perchas bonitas. Da la cochina casualidad de que a las niñas lindas, por muy necias que sean, siempre se les intuye un interior emocionante. Mientras que nadie se molesta en suponer un alma hermosa en una mujer canija y cabezota con los ojos demasiado separados. A veces esta certidumbre que acompaña mi fealdad escuece como una herida abierta: no es que no me vean, es que no me imaginan.

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