Doris Dana

Gabriela Mistral: El Amor que Calla

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Gabriela Mistral siempre me ha resultado un enigma, por estar rodeada de un imaginario colectivo casi tan grande como su fama, y de la cual de niños, solo nos enseñan sus poemas más convencionales y su condición de profesora y primera  (y única) mujer latinoamericana merecedora del Nobel de Literatura. Distinción que solo han logrado 13 féminas en toda la historia de un total de 109 hasta el 2013.  La poesía de Gabriela Mistral tiene un valor indiscutible que la rescata del deterioro del tiempo, pero en las antologías destinadas a estudios secundarios se han presentado los poemas menos representativos y carecen casi por completo de valores literarios. Gabriela Mistral era poseedora de una mente privilegiada, íntima y femenina, una mujer, marcada por los tabús y prejuicios de su época, que, sin embargo, no solo logró la gloria profesional, sino que persiguió el amor por medio continente americano. Una historia que contaré más adelante, porque una vida así de compleja merece un reglón aparte. Por hoy les comparto uno con su temática más recurrente: los amores terribles, porque al fin, siempre al hablar de la poesía de la Mistral acabamos por contarnos la vida de la autora, alabando su especial magnetismo y las circunstancias dolorosas o gozosas que la rodearon. El Amor que Calla, es un grito, silencioso por cierto, de quizás cuánto se sintió obligada a callar, ya sea el nacimiento de su hijo Yin Yin, o la verdadera naturaleza de su relación con Doris Dana, su compañera por más de 20 años.

El amor que calla

Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro.

Tú lo quisieras vuelto en alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

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