Francia

Edith Piaf: tan trágica como su voz

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Al escuchar su nombre, evoca de forma instantánea, esos ojos caidos, llenos de melancolía y enmarcados por una delgadas líneas  que tenía por cejas. Lo gutural de su voz, el francés y las melodías de sus canciones, solo podían aumentar el halo de misterio que envolvía a esta mujer, convertida en uno de los símbolos sexuales de principios del siglo XX.

Si hoy vemos sus imágenes, puedo asegurar que pocos la encuentran atractiva, porque su belleza era como su vida, trágica.

Edith Gassion nació en 1915, de una madre separada y en plena probreza. Como us padres eran alcohólicos, quedó bajo el cuidado de su abuela, dueña de un prostíbulo. A os 4 años sufrió de meneningitis lo que generó una ceguera tempoánea, y me atrevo a pensar que algo de eso quedó en esa mirada que parece extraviada.

Ya de adolescente, trabajo en circos, haciendo acrobacias y cantando en la calle, lo que le permitía sobrevivir el día. A los 16 quedó embarazada, pero su hija Castelle, falleció de la misma enfermedad de su niñez. Además, por problema en el parto, quedó imposibilitada para tener más hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar. Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su talento ante el público. Aquel cabaret, era además, un lugar donde venían muchas celebridades de la capital de Francia. Pero su vida nunca fue camino fácil, y al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su oficina. Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera. Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad. Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes. La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario. Leer el resto de esta entrada »

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