inspiración

Tina Modotti: La mujer infinita (José Ignacio Valenzuela)

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Hace mucho tiempo que las excusas  no dejaban que salieran de mi teclado palabras propias. Quizás porque hace mucho que no me detenía. Y no me dejaba sorprender con lo que me llevó por primera vez a escribir en este blog sea otra vez, esta misma sensación: maravillarme por la vida y el completo anonimato de una mujer con alas, de la que no había conocido su vuelo.

Sucedió dentro de esos paneles, donde las mujeres nos acostumbramos, especialmente en verano, arrancar de raíz para sentirnos más femeninas y propias (Debo reconocer que mi feminismo topa con ese paradigma en forma constante). Ahí estaba leyendo esas revistas de papel couché, con el Chascas (José Ignacio Valenzuela) y la Leonor Varela en portada, y una entrevista acerca de la última novela que él escribió,  inspirado en una admiración (compartida entre ambos) por la vida de Tina Modotti.

¿Quién era esa mujer de la jamás había escuchado su nombre? Al parecer una fotógrafa italiana no lo suficientemente famosa par llamar mi atención antes, pero extremadamente talentosa como para se escribieran cientos de historias sobre ella. Y lo más sorprendente, fue que solo vivió 46 años. Leer el resto de esta entrada »

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Cristina Masjuan: mi abuela, mi Tita

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Desde mis primeros recuerdos, tú siempre estabas en tu casa en Tobalaba, donde tus nietos jugábamos a la escondida alrededor de los parrones, donde me llevé mi primera gran impresión cuando me contaste que en la pieza con un papel tapiz de perros que me impresionaba desde que nací, había sido la misma -con los mismos perros- donde había dormido mi papá. No cabía en mi cabeza de 4 años que fuese posible que un papel fuera tan viejo. Soñaba con todos esos perros cuidándome mientras dormía y lo encontraba absolutamente maravilloso.

Nos enseñaste a jugar cartas a cada uno de tus nietos, incluso a más de algún bisnieto. Con el tiempo, todos nos dimos cuenta que  no eras muy buena perdedora, lo que hacía que al final termináramos molestándote y riéndonos por eso. Así y todo y, a pesar de las risas, nunca reconocías estar picada. 

Te recuerdo haciendo cualquier puzzle que pasó por tus manos, ya eran tantos los resueltos, que te sabías hasta las respuestas más impresionantes. Me decías que eso hacía la mente ágil, y por lo mismo, me retabas si usaba la calculadora para cualquier cosa: “Hay que hacer trabajar la mente, porque se duerme mijita, SE DUERME!!”. Leer el resto de esta entrada »