mujer

Opinión: Nuestra propia responsabilidad

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Si hay algo que mantiene mi motor andando es la incapacidad que tenemos de ver cuán actual es la temática sobre la presencia de la mujer en ámbitos públicos. Siempre existió, pero también siempre fue la excepción, así lo consigna la historia que conocemos. Y lo sigue siendo.

Visibilizar logros, propuestas, casos, investigaciones realizadas por mujeres, permiten romper con una barrerra que quizás no tiene metáfora aún -como el techo de cristal- pero que yo llamo “el Club de Toby”.

Al no poder estar presentes en paridad en la toma de decisiones, no podemos analizar ni menos contribuir con nuestra perspectiva o soluciones en muchas de las conversaciones que se dan en equipos de trabajo.

Es por eso que no basta con declarar, es hora de hacer, y be accountable (que pongo en inglés no por siutiqiería, sino porque no significa simplemente hacerse reponsable) desde cómo nos expresamos acerca del tema o qué equipos formamos, en base a qué lo hacemos y preguntarnos si de verdad, puede haber sido la mejor decisión.

Hay mucho por avanzar y esto es una invitación. A examinar prejuicios y conductas normalizadas. A creernos falibles y sijetos de aprendizaje, cualquiera sea tu género. Y a ser una sociedad construida por tod@s y para tod@s.

Burnout

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¿Estás cansada?

¿Has escuchado del “burnout”?

¿Ya no das más con la cantidad de labores paralelas que estás llevando simultáneamente?

Teletrabajar, trapear, limpiar casa y baños, cocinar todos los días, lavar platos, lavar ropa, doblar, planchar, apoyar a tu(s) hijos o hijas/niet@s con lo que no entendieron de las clases online.

¿Se te hace demasiado rutinario y sin sentido?

Además de eso, tratas de mantener una actitud positiva frente a la incertidumbre del futuro, no solo en salud, sino en lo económico. No sabes cómo seguirá el trabajo, y ahora te das cuenta y te da rabia lo que cuestan las mascarillas y no poder encontrar alcohol gel o toallitas de cloro por ningún lado?

Te has visto obligada a fijarte en qué hay gastos innecesarios porque se ha doblado el costo de la luz, el agua, los gastos comunes, y ahora se viene la calefacción y estás pensando si ¿la prendo o no?

Si todo esto te hace sentir identificada, te lo cuento: eres tremendamente privilegiada. Y así, como Mañalich, hay que hacer un sincericidio. Nos creíamos buenas personas, buenas empleadoras, multitasking y eficientes. Y sin embargo, estábamos ciegas, sordas y mudas, como diría Shakira.

Porque no sabemos nada. Somos parte del 20% de las mujeres en Chile que contamos con alguien que trabaja en nuestro hogar y nos permite enfocarnos en trabajar fuera de él. Nuestr@s hij@s van a un colegio de calidad que permite que sin tu ayuda o apoyo diario, comprendan la materia de manera más o menos decente y nos molesta si un profesor(a), se equivoca en algo o nos parece equivocad@ en su método.

No tenemos presente el miedo sobre el futuro, porque tenemos capacidad de ahorro, o al menos, de seguros de cesantía, vida, salud, e incluso la capacidad de endeudarnos o el apoyo de familiares y amigos si nos llegase a pasar una tragedia.

No tenemos idea, que un 80% de las mujeres en Chile, no tienen nada de esto. Viven en la misma incertidumbre que sentimos hoy, desde siempre. Y sin una casa o depto de al menos 100 mt 2, donde existe un espacio para tener al menos 2 o 3 escritorios, reconvirtiendo mesas de comedor u otros con algo de ingenio.

No tenemos idea porque esas mujeres no se muestran. No tienen voz. Nosotras sabíamos que existen, sabíamos todo lo que hacían, sabíamos cómo vivían, las conocemos, porque conviven a diario en nuestra casa, en el mall, en la peluquería o en una tienda. Pero hoy, sentimos un pedazo (pedacito) de lo que sienten ellas. Sentimos que a pesar de trabajar más de 14 o 15 horas diarias entre pega y casa, el tiempo no alcanza. La plata tampoco. Y eso que no nos trasladamos a ningún lado. Estamos encerradas en esta vida.

Hoy quieres y esperas es que todo esto se acabe luego.

Pero para muchas, su vida es una pandemia. Y no puede seguir siendo así.

La Pandemia Covid-19 pasará. No permitamos que lo que ya sentimos, lo siga sintiendo una mujer más.

El día que me enamoré de ti: Sara Buho

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El día que me enamoré de ti
te miré cómplice,
como miras a tu amigo en el colegio
para ir a sacar punta a la vez.
Tú me devolviste la mirada
incrédulo,
con ojos de niño que de mayor
quiere ser astronauta.

El día que me enamoré de ti
le eché la culpa al alcohol;
y aun así le hice caso y te quise bailar de cerca.
No recuerdo si se veían muchas estrellas
esa noche,
pero seguro que el niño de tus ojos
quería llevarme a verlas todas.

El día que me enamoré de ti
ya sabía que tú eras de besar a muchas
pero querer sólo a una,
y que yo era de besar
únicamente a los que creía querer.

Por eso unas semanas después
de aquel día que me enamoré de ti
no dejé que me besaras
y te besé yo.

Hace ya un tiempo que
miro hacia arriba sola,
y sólo veo un montón de nubes.

Hoy no sueñas con llevarme
a ver estrellas,
pero si me hace mucha ilusión
quizás harías el esfuerzo de acompañarme.
Hoy admiras tus alas,
y a mi me las dibujas
como si no tuviera,
como si no te hubieras
enamorado de ellas una vez.

Hace días pienso
que el tiempo a veces cura cicatrices
que aún no han sido heridas.
Y rezo de la única forma que sé,
uniendo palabras,
para que no me cure de ti
antes de que terminemos de destruirnos.

Temo que un día
tu cupo cubierto de dudas
venga a pelearse con mis restos de esperanza;
mi amor,
ese día
sólo quedará un poema
que no será más triste que el de hoy.

Tú volverás a besar a muchas,
y yo querré volver a besarte
por primera vez.

Mamá, tú no cumples años, cumples sueños: Elvira Sastre

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Llevas más de medio siglo

a las espaldas

pero en tus ojos,
algunos días,
a media tarde,
cuando el reloj hace sombra
con tu libro y el café,
se te inundan los ojos de primaveras
y por un momento parece
que vuelves a estar en tu habitación de niña,
que los rizos te sacuden los hombros
mientras conquistas algún columpio
y los parques y los libros y la merienda
se convierten en tus mejores aliados. Leer el resto de esta entrada »

Natalicio 111 de Simone de Beauvoir: La plenitud de la vida

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“Lo que es seguro es que ahora es muy difícil para las mujeres asumir a un tiempo su condición de individuo autónomo y su destino femenino; es la fuente de estas torpezas y malestares que a veces las presenta como “un sexo perdido”. Y sin duda es más cómodo sufrir la esclavitud ciega que trabajar por la liberación: los muertos también están mejor adaptados a la tierra que los vivos.” Simone dé Beauvoir (La plenitud de la vida, 1960)

Gracias por ser de las que primero escribió y testimonió. Por abrirnos los ojos a las que venimos después de ti. No hemos logrado todo, pero avanzamos.

Hoy, 9 de enero es su natalicio 111. Gracias totales.

Soledad: Alfonsina Storni

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Vivir-en-soledad-2

Podría tirar mi corazón
desde aquí, sobre un tejado:
mi corazón rodaría
sin ser visto.

Podría gritar
mi dolor
hasta partir en dos mi cuerpo:
sería disuelto
por las aguas del río.

Podría danzar
sobre la azotea
la danza negra de la muerte:
el viento se llevaría
mi danza.

Podría,
soltando la llama de mi pecho,
echarla a rodar
como los fuegos fatuos:
las lámparas eléctricas
la apagarían…

Este poema de Alfonsina Storni  habla de una soledad que parece emocional. Con el tiempo, he tenido que aprender a la fuerza la diferencia con la soledad física o social, que es no solo inevitable, sino que necesaria. Solo en la soledad física es cuando tenemos un espacio para reflexionar, para conocernos, para divagar. Para extrañar, para valorar y querer. Muy a menudo me encuentro diciendo a quienes más quiero, que necesito estar sola. Muchas veces eso se entiende mal. Muchos y muchas me miran mal cuando lo digo. Pero con el tiempo y el amor, los que saben, son los que entienden que no tiene que ver con ellos, sino conmigo, y que esa necesidad de tener espacios vacíos para llenarlos de lo que me parece motivador, son momentos que necesito y que me hacen ser quién soy. Por eso me quieran aún más. A veces es tan simple como dormir. Otras hacer ejercicio, o como en este instante escribir o puede ser pintar o leer, incluso monologar. Esa independencia, que a much@s les cargaría, es lo que otr@s valoran de mi. Y con ell@s me quedo.

Sin esa soledad es imposible crear. Vuelvo a ti, Virginia, al cuarto propio. Ése que está en tu mente y necesita libertad. La soledad está muy mal entendida, solo se entiende como una ausencia de emociones. Pero cuando uno está lleno de amor y de seguridad, la soledad física no tiene una carga negativa, más bien todo lo contrario. Hoy tengo el derecho a expresarla, pero cuántas mujeres terminaron sumergidas, como tú, por no poder hacerlo. Por ser juzgadas por buscar algo tan simple como pasar un tiempo solas.

En ese sentido, a las mujeres se nos ha construido en el deber sernos hacia los demás, existir vía la existencia de otros: los padres, los hijos e hijas, incluso llegas a l@s niet@s o amigas. Nuestra existencia, en una gran parte de la historia, ha estado descrita en relación a la existencia de otros. ¿Y qué pasa cuando esos otr@s se van? ¿Mueren, se casan, se alejan? Nuestra razón para vivir pareciera que deja de tener sentido. Lo que es un sin-sentido.

Luego, está esa soledad existencial, la que creo es la más dolorosa de todas. El sentir que nadie te comprende, nadie te conoce por completo o, peor aún, que no trasciendes en nada o para nadie. Pero en eso ya nos pasamos de la poesía a la filosofía, y para eso, necesito otro post.

De esa sí que creo que habla este poema de la Storni.

Hermosura de la Dialéctica: Gioconda Belli

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Agnes Cecile (18)

A propósito del día, el mes, el año y la vida de la mujer, me re-encontré, siguiendo a Gioconda Belli, con una fotografía maravillosa de una mujer en marcha del 8 de Marzo en Uruguay. Ella sostenía un letrero con once palabras: Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas. Y como un ventanal que ilumina lo escondido, llegó aquél poema leído hace tantos años, y en un viaje, me invitó a recorrer el íntimo femenino.

Hermosura de la dialéctica

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono, Leer el resto de esta entrada »

Recorrido

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Deseo poder alcanzar aquellos días en que solo podíamos hablarnos si nos mirábamos a los ojos.

Cuando una visita siempre implicaba una invitación a recorrer, ya sea porque el camino para llegar era muy largo o los medios demasiado escondidos. 

Y el destino era tan difuso, que el final, mezclaba parte del viaje con un destino no conocido. Y en el momento,  se revelaba que nada es inmediato y mucho ya lo habías construido. 

Porque -al llegar- cada cosa que uno hace es tan trivial como el esfuerzo y el reflejo de lo conocido.

Hoy, que muchas veces me abofetea la confusión de que -como existe lo fácil- lo verdadero debiese ser derecho adquirido, te doy gracias, recorrido. 

Imafemario. 

Mi vida huele a flor: Elvira Sastre

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He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.

He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.

He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.

He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído. Leer el resto de esta entrada »

Tina Modotti: La mujer infinita (José Ignacio Valenzuela)

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Hace mucho tiempo que las excusas  no dejaban que salieran de mi teclado palabras propias. Quizás porque hace mucho que no me detenía. Y no me dejaba sorprender con lo que me llevó por primera vez a escribir en este blog sea otra vez, esta misma sensación: maravillarme por la vida y el completo anonimato de una mujer con alas, de la que no había conocido su vuelo.

Sucedió dentro de esos paneles, donde las mujeres nos acostumbramos, especialmente en verano, arrancar de raíz para sentirnos más femeninas y propias (Debo reconocer que mi feminismo topa con ese paradigma en forma constante). Ahí estaba leyendo esas revistas de papel couché, con el Chascas (José Ignacio Valenzuela) y la Leonor Varela en portada, y una entrevista acerca de la última novela que él escribió,  inspirado en una admiración (compartida entre ambos) por la vida de Tina Modotti.

¿Quién era esa mujer de la jamás había escuchado su nombre? Al parecer una fotógrafa italiana no lo suficientemente famosa par llamar mi atención antes, pero extremadamente talentosa como para se escribieran cientos de historias sobre ella. Y lo más sorprendente, fue que solo vivió 46 años. Leer el resto de esta entrada »