mujer

Mamá, tú no cumples años, cumples sueños: Elvira Sastre

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Llevas más de medio siglo

a las espaldas

pero en tus ojos,
algunos días,
a media tarde,
cuando el reloj hace sombra
con tu libro y el café,
se te inundan los ojos de primaveras
y por un momento parece
que vuelves a estar en tu habitación de niña,
que los rizos te sacuden los hombros
mientras conquistas algún columpio
y los parques y los libros y la merienda
se convierten en tus mejores aliados. Leer el resto de esta entrada »
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Natalicio 111 de Simone de Beauvoir: La plenitud de la vida

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“Lo que es seguro es que ahora es muy difícil para las mujeres asumir a un tiempo su condición de individuo autónomo y su destino femenino; es la fuente de estas torpezas y malestares que a veces las presenta como “un sexo perdido”. Y sin duda es más cómodo sufrir la esclavitud ciega que trabajar por la liberación: los muertos también están mejor adaptados a la tierra que los vivos.” Simone dé Beauvoir (La plenitud de la vida, 1960)

Gracias por ser de las que primero escribió y testimonió. Por abrirnos los ojos a las que venimos después de ti. No hemos logrado todo, pero avanzamos.

Hoy, 9 de enero es su natalicio 111. Gracias totales.

Soledad: Alfonsina Storni

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Vivir-en-soledad-2

Podría tirar mi corazón
desde aquí, sobre un tejado:
mi corazón rodaría
sin ser visto.

Podría gritar
mi dolor
hasta partir en dos mi cuerpo:
sería disuelto
por las aguas del río.

Podría danzar
sobre la azotea
la danza negra de la muerte:
el viento se llevaría
mi danza.

Podría,
soltando la llama de mi pecho,
echarla a rodar
como los fuegos fatuos:
las lámparas eléctricas
la apagarían…

Este poema de Alfonsina Storni  habla de una soledad que parece emocional. Con el tiempo, he tenido que aprender a la fuerza la diferencia con la soledad física o social, que es no solo inevitable, sino que necesaria. Solo en la soledad física es cuando tenemos un espacio para reflexionar, para conocernos, para divagar. Para extrañar, para valorar y querer. Muy a menudo me encuentro diciendo a quienes más quiero, que necesito estar sola. Muchas veces eso se entiende mal. Muchos y muchas me miran mal cuando lo digo. Pero con el tiempo y el amor, los que saben, son los que entienden que no tiene que ver con ellos, sino conmigo, y que esa necesidad de tener espacios vacíos para llenarlos de lo que me parece motivador, son momentos que necesito y que me hacen ser quién soy. Por eso me quieran aún más. A veces es tan simple como dormir. Otras hacer ejercicio, o como en este instante escribir o puede ser pintar o leer, incluso monologar. Esa independencia, que a much@s les cargaría, es lo que otr@s valoran de mi. Y con ell@s me quedo.

Sin esa soledad es imposible crear. Vuelvo a ti, Virginia, al cuarto propio. Ése que está en tu mente y necesita libertad. La soledad está muy mal entendida, solo se entiende como una ausencia de emociones. Pero cuando uno está lleno de amor y de seguridad, la soledad física no tiene una carga negativa, más bien todo lo contrario. Hoy tengo el derecho a expresarla, pero cuántas mujeres terminaron sumergidas, como tú, por no poder hacerlo. Por ser juzgadas por buscar algo tan simple como pasar un tiempo solas.

En ese sentido, a las mujeres se nos ha construido en el deber sernos hacia los demás, existir vía la existencia de otros: los padres, los hijos e hijas, incluso llegas a l@s niet@s o amigas. Nuestra existencia, en una gran parte de la historia, ha estado descrita en relación a la existencia de otros. ¿Y qué pasa cuando esos otr@s se van? ¿Mueren, se casan, se alejan? Nuestra razón para vivir pareciera que deja de tener sentido. Lo que es un sin-sentido.

Luego, está esa soledad existencial, la que creo es la más dolorosa de todas. El sentir que nadie te comprende, nadie te conoce por completo o, peor aún, que no trasciendes en nada o para nadie. Pero en eso ya nos pasamos de la poesía a la filosofía, y para eso, necesito otro post.

De esa sí que creo que habla este poema de la Storni.

Hermosura de la Dialéctica: Gioconda Belli

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Agnes Cecile (18)

A propósito del día, el mes, el año y la vida de la mujer, me re-encontré, siguiendo a Gioconda Belli, con una fotografía maravillosa de una mujer en marcha del 8 de Marzo en Uruguay. Ella sostenía un letrero con once palabras: Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas. Y como un ventanal que ilumina lo escondido, llegó aquél poema leído hace tantos años, y en un viaje, me invitó a recorrer el íntimo femenino.

Hermosura de la dialéctica

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono, Leer el resto de esta entrada »

Recorrido

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Deseo poder alcanzar aquellos días en que solo podíamos hablarnos si nos mirábamos a los ojos.

Cuando una visita siempre implicaba una invitación a recorrer, ya sea porque el camino para llegar era muy largo o los medios demasiado escondidos. 

Y el destino era tan difuso, que el final, mezclaba parte del viaje con un destino no conocido. Y en el momento,  se revelaba que nada es inmediato y mucho ya lo habías construido. 

Porque -al llegar- cada cosa que uno hace es tan trivial como el esfuerzo y el reflejo de lo conocido.

Hoy, que muchas veces me abofetea la confusión de que -como existe lo fácil- lo verdadero debiese ser derecho adquirido, te doy gracias, recorrido. 

Imafemario. 

Mi vida huele a flor: Elvira Sastre

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He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.

He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.

He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.

He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído. Leer el resto de esta entrada »

Tina Modotti: La mujer infinita (José Ignacio Valenzuela)

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Hace mucho tiempo que las excusas  no dejaban que salieran de mi teclado palabras propias. Quizás porque hace mucho que no me detenía. Y no me dejaba sorprender con lo que me llevó por primera vez a escribir en este blog sea otra vez, esta misma sensación: maravillarme por la vida y el completo anonimato de una mujer con alas, de la que no había conocido su vuelo.

Sucedió dentro de esos paneles, donde las mujeres nos acostumbramos, especialmente en verano, arrancar de raíz para sentirnos más femeninas y propias (Debo reconocer que mi feminismo topa con ese paradigma en forma constante). Ahí estaba leyendo esas revistas de papel couché, con el Chascas (José Ignacio Valenzuela) y la Leonor Varela en portada, y una entrevista acerca de la última novela que él escribió,  inspirado en una admiración (compartida entre ambos) por la vida de Tina Modotti.

¿Quién era esa mujer de la jamás había escuchado su nombre? Al parecer una fotógrafa italiana no lo suficientemente famosa par llamar mi atención antes, pero extremadamente talentosa como para se escribieran cientos de historias sobre ella. Y lo más sorprendente, fue que solo vivió 46 años. Leer el resto de esta entrada »