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La Ridícula idea de no Volver a verte: Rosa Montero (Opinión)

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Aprovechando que muchos me preguntan por buenos libros, quiero escribir sobre el último que se fue al fondo de mi cajonera, en espera del siguiente afortunado que lo tenga en sus manos. “La Ridícula Idea de No Volver a Verte” llamó mi vista en los estantes de la librería primero por esa mujer que parece volar con la vista fija al infinito . Al acercarme y leer el título, no dejé de preguntarme, porqué ridícula y no insoportable?. Al ver que lo escribía la Rosa Montero, no demoré mucho en tenerlo en mi casa.

No abundan las novelas que relaten el significado de una vida concreta, ni menos dedicados a estudiar seriamente el amor. Cuántos habrán dedicados a cómo lograr el éxito, me pregunto. Tampoco los que arriesgan formas en un mundo tan acartonado en el que todo debe transcurrir por estancos, por cajones, por géneros. Y mientras el mundo literario se ocupa en clasificar esas formas, la vida pasa por otra parte. 

Pensé encontrarme con una de esas historias tortuosas de amores imposibles, sin embargo, me encontré con una mágica novela inclasificable, llena de citas, cartas, e imágenes, donde a partir de un diario de vida que Madame Curie comenzó a escribir después de la muerte de Pierre (su marido), Rosa Montero hila con retazos autobiográficos cómo a través de la biografía de la científica pudo leer su propia experiencia con la muerte de su compañero por más de 20 años. Pero va mucho más allá de la autobiografía para hablarnos, entre otras cosas, de las ganas que sentimos los humanos de dilatar la experiencia de la vida para incluso hacer revivir a nuestros muertos en nuestra propia existencia, y de la suerte de quienes hemos conocido el amor, “eso que consiste en encontrar a alguien con quien compartir tus rarezas” (qué frase notable, Rosa).

Descubrir la humanidad de esta gran científica polaca no dejó de sorprenderme. De cómo a pesar de buscar desde niña #HonraralosPadres (es un libro lleno de hashtags), pudo vencer una sociedad machista de fines de siglo XIX , dedicarse al estudio y las ciencias, buscando siempre la excelencia.  Unida tras la pasión por la física y el radio, en una amor que parecía sacado de contexto histórico por la admiración que profesaba Pierre a Marie. Un amor, que Rosa, deja entrever  con muchos textos escritos desde la propia mano de la Curie, como mucho más que científico. Madame Curie, es además, una de las tres personas en ganar dos Nobel (El de Física con Pierre, y el de Química por su cuenta), y también una de las dos mujeres en hacerlo en física (la otra fue su hija Irene, vaya genes!).   Marie fue mucho más allá después de Pierre, incluso encontrando el amor en un equivocado (y casado) Langevin, que casi le cuesta el segundo Nobel, por el escándalo periodístico suscitado. 

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Rosa Montero: Amor Ciego (Cuento Completo)

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rosamonteroRosa Montero es escritora y periodista española. Sus relatos están cargados de humor e ironía, siempre desde una perspectiva femenina. Les recomiendo La Hija del Caníbal y la Loca de la Casa, pero hoy les dejo uno de mis cuentos favoritos, dentro de los muchos que tiene: Amor Ciego. La temática es más común de lo que se cree. La preocupación por la imagen propia, la relación con la belleza y la fealdad han constituido un leit-motiv del discurso literario realizado por mujeres específicamente. Acá se puede ver como la frialdad de lo cotidiano, se opone a la fuerza de la narración.

AMOR CIEGO

Tengo cuarenta años, soy muy fea y estoy casada con un ciego.

Supongo que algunos se reirán al leer esto; no sé por qué, pero la fealdad en la mujer suele despertar gran chirigota. A otros la frase les parecerá incluso romántica: tal vez les traiga memorias de la infancia, de cuando los cuentos nos hablaban de la hermosura oculta de las almas. Y así, los sapos se convertían en príncipes al calor de nuestros besos, la Bella se enamoraba de la Bestia, el Patito Feo guardaba en su interior un deslumbrante cisne y hasta el monstruo del doctor Frankenstein era apreciado en toda su dulce humanidad por el invidente que no se asustaba de su aspecto. La ceguera, en fin, podía ser la llave hacia la auténtica belleza: sin ver, Homero veía más que los demás mortales. Y yo, fea de solemnidad, horrorosa del todo, podría haber encontrado en mi marido ciego al hombre sustancial capaz de adorar mis virtudes profundas.

Pues bien, todo eso es pura filfa. En primer lugar, si eres tan fea como yo lo soy, fea hasta el frenesí, hasta lo admirable, hasta el punto de interrumpir las conversaciones de los bares cuando entro (tengo dos Ojitos como dos botones a ambos lados de una vasta cabezota; el pelo color rata, tan escaso que deja entrever la línea gris del cráneo; la boca sin labios, diminuta, con unos dientecillos afilados de tiburón pequeño, y la nariz aplastada, como de púgil), nadie deposita nunca en ti, eso puedo jurarlo, el deseo y la voluntad de creer que tu interior es bello. De modo que en realidad nadie te ama nunca, porque el amor es justamente eso: un espasmo de nuestra imaginación por el cual creemos reconocer en el otro al príncipe azul o la princesa rosa. Escogemos al prójimo como quien escoge una percha, y sobre ella colgamos el invento de nuestros sueños. Y da la maldita casualidad de que la gente siempre tiende a buscar perchas bonitas. Da la cochina casualidad de que a las niñas lindas, por muy necias que sean, siempre se les intuye un interior emocionante. Mientras que nadie se molesta en suponer un alma hermosa en una mujer canija y cabezota con los ojos demasiado separados. A veces esta certidumbre que acompaña mi fealdad escuece como una herida abierta: no es que no me vean, es que no me imaginan.

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