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Adele: cuando el talento desborda

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Hay veces que uno encuentra coincidencias con personas conocidas, de las formas más insospechadas. Quizás es una tontera, pero cuando descubrí que estoy de cumpleaños el mismo día que Adele,  y no solo eso, comparto horóscopo chino, pase de la anécdota a querer saber en cuánto más coincido. Claramente, la lucha contra los kilos es la que sigue en la lista.

Hay que decir, que en algo me diferencio radicalmente,  a Adele lo que le sobra es talento, y mucho. En una industria plagada de  cuerpos perfectos y donde muchas veces pareciera que la imagen, si bien no lo es todo, importa de sobremanera, ella tuvo la gracia de saltar a la fama, llamando la atención de las discográficas solo a través de su voz cuando lanzó una producción en MySpace.

Adele Laurie Blue Adkins, nació el 5 de mayo de 1988 en Tottenham, Londres, Inglaterra, hija de madre soltera.  Su talento se notaría prematuramente y en mayo de 2006, entra en la Brit School of Performing Arts de Croydon  (que tiene entre sus famosos ex condiscípulos a Winehouse y a Kate Nash).

Su portentosa voz, llena de matices, mezcladas con un toque de soul y jazz, muchas veces chocan con el look deslavado de sus primeros años.  Personalmente, creo que detrás de su voz , se suma una  gran enorme capacidad de interpretación. A pesar de que la escuchado mil y una veces, Someone like You, me sigue poniendo la piel de gallina.

Pero algo más debe haber en el fenómeno Adele, que ha encantado como figura de forma tan explosiva. Será solo su capacidad vocal? para ser sincera, jamás la he visto en ninguna aparición que no tenga que ver con algo musical, y ni siquiera la he escuchado en una conferencia de prensa.  Sin embargo, desde el cambio de look en 2011, hacia uno más glam tipo años 50, junto con una notoria baja de peso, Adele, ha aprovechado esta diferencia física a su favor, proyectando una imagen de mujer más real, pero a la vez de mucha elegancia. Incluso revistas de moda como Vogue y Elle, la han elegido más de una vez para sus portadas, y los especialistas de la moda, la aplauden en cada alfombra roja. Leer el resto de esta entrada »

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Edith Piaf: tan trágica como su voz

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Al escuchar su nombre, evoca de forma instantánea, esos ojos caidos, llenos de melancolía y enmarcados por una delgadas líneas  que tenía por cejas. Lo gutural de su voz, el francés y las melodías de sus canciones, solo podían aumentar el halo de misterio que envolvía a esta mujer, convertida en uno de los símbolos sexuales de principios del siglo XX.

Si hoy vemos sus imágenes, puedo asegurar que pocos la encuentran atractiva, porque su belleza era como su vida, trágica.

Edith Gassion nació en 1915, de una madre separada y en plena probreza. Como us padres eran alcohólicos, quedó bajo el cuidado de su abuela, dueña de un prostíbulo. A os 4 años sufrió de meneningitis lo que generó una ceguera tempoánea, y me atrevo a pensar que algo de eso quedó en esa mirada que parece extraviada.

Ya de adolescente, trabajo en circos, haciendo acrobacias y cantando en la calle, lo que le permitía sobrevivir el día. A los 16 quedó embarazada, pero su hija Castelle, falleció de la misma enfermedad de su niñez. Además, por problema en el parto, quedó imposibilitada para tener más hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar. Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su talento ante el público. Aquel cabaret, era además, un lugar donde venían muchas celebridades de la capital de Francia. Pero su vida nunca fue camino fácil, y al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su oficina. Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera. Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad. Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes. La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario. Leer el resto de esta entrada »