Cristina Masjuan: Mi Tita

Desde mis primeros recuerdos, estabas en tu casa en Tobalaba, donde tus nietos jugábamos a la escondida alrededor de los parrones, donde existía esa enorme cocina llena de cosas ricas,  donde podía llegar cuando quisiera, donde me llevé mi primera gran impresión cuando me contaste que en la pieza con un papel tapiz de perros que me impresionaba desde que nací, había sido la misma -con los mismos perros- donde había dormido mi papá. No cabía en mi cabeza de 4 años que fuese posible que un papel fuera tan viejo. Soñaba con todos esos perros cuidándome mientras dormía y lo encontraba absolutamente maravilloso.

Nos enseñaste a jugar cartas a cada uno de tus nietos, incluso a más de algún bisnieto. Con el tiempo, todos nos dimos cuenta que no eras muy buena perdedora, lo que hacía que al final termináramos molestándote y riéndonos por eso. Así y todo y, a pesar de las risas, nunca reconocías estar picada.

Te recuerdo haciendo cualquier puzzle que pasó por tus manos, ya eran tantos los resueltos, que te sabías hasta las respuestas más impresionantes. Me decías que eso hacía la mente ágil, y por lo mismo, me retabas si usaba la calculadora para cualquier cosa: “Hay que hacer trabajar la mente, porque se duerme mijita, SE DUERME!!”.

Cuando nos venías a ver a Viña, te encantaba ir a ver a tu prima Alicia, o ayudabas muchas veces a mis papás haciéndote cargo de todo, si necesitaban que alguien nos cuidara cuando chicas, o viera el negocio, o si viajábamos de vacaciones juntos. Gracias a ti tuve la suerte de muchas vacaciones con mis papás y mi hermana. No importaba si tenías otras cosas, tú siempre ayudando y siempre con una sonrisa. No recuerdo ni siquiera alguna recriminación porque no te llamaramos muy seguido o si te visitábamos solo para reuniones familiares.

Mi Tita, fuiste una columna vertebral de mi familia, siempre apoyando a todos. Cuando uno es chica, entiende poco y casi nada, solo lo recibe. Y es que, con el tiempo, la experiencia hace que crezcan cada vez más la empatía y admiración por quien fuiste, por cómo viviste tu vida, cómo te levantaste y cómo siempre pensaste en los demás antes que en ti.

Nos regalaste a todos una Gran Familia Bosco, qué lindo regalo a su vez para el nonno, que nos dejó tan temprano y que de seguro te seguía de cerca en cada año que no estuviste con él. Fuiste una mujer independiente, trabajadora, luchadora, austera, generosa, rescilente, alegre. Te podíamos hacer feliz con cosas tan simples, como si te recogíamos unos yuyos, jugábamos un 26 o veíamos contigo La Rueda de La Fortuna. Fuiste y seguirás siendo un ejemplo a seguir.

Nunca fuiste la típica abuela, hay que decirlo. Y me encanta que no lo hayas sido. Con tu carácter austero, no nos llenabas de regalos (a lo más nos traías colados de la Farmacia o caramelos de miel), pero si nos llenabas de información sobre las vitaminas y beneficios de cada alimento, fruta, verdura hasta del pan. Porque, ¿saben ustedes que no es el pan lo que engorda, sino lo que uno le echa a él? ¿O qué vitamina tiene la betarraga? Nos enseñabas la forma correcta de echarnos las cremas humectantes (siempre de abajo hacia arriba y con palmetazos para que las charchas no se caigan), a que a todo lugar se puede llegar a pie (costumbre que he vuelto a retomar), a que nada se bota y que debemos estirarnos todos los días para no achicarnos. Hoy serías completamente cool, vieras las de palabras que se gastan a diario en blogs. Esto por supuesto, es mucho mejor a que nos hayas llenado de regalos y mimos.

Te recuerdo con tu sonrisa que hacía brillar tus ojos. Mirando a tus nietos, tus bisnietos. Todo lo que sacaste adelante. De lo único que alguna vez te escuché quejarte es que estabas vieja, que más que una queja, era un grito de rabia, porque el cuerpo ya no te respondía como querís. O nada podía enojarte más que se te olvidara algo, pero dado que tenías casi 90 creo que era más que entendible. Tus miedos sólo aparecieron al final de este viaje, cuando estar sola te ponía muy triste.

Tuve la oportunidad de decírtelo a los ojos, pero quiero seguir dándote las Gracias por tu Vida, por la que le diste a mi papá, a mí, tíos, primos y a toda mi familia. Me entregaste muchas herramientas las que hoy me permiten decir que soy una mujer más feliz.

Estás en mi corazón por y para siempre.

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